
El primer proyecto operístico de Pablo Sorozábal (1897-1988) había sido Urtzi Jaun (1927), inspirada en La leyenda de Jaun de Alzate de Pío Baroja, pero no llegó a buen puerto. Luego vendría, también a partir de otra obra del novelista vasco, quien también se haría cargo del libreto, la «ópera chica» (en referencia al Género Chico, porque su obra no incluía partes habladas pero también era de pequeño formato) en un acto Adiós a la bohemia, de 1933. Desde entonces, Sorozábal se había dedicado, casi siempre con gran éxito, al género de la zarzuela. Pero durante los últimos veinte años de su longeva vida, el compositor intentó sacar adelante su proyecto operístico Juan José (1969), «drama lírico popular» en tres actos («La taberna», «La buhardilla» y «La cárcel. El crimen»), con libreto del propio Sorozábal a partir de una sórdida historia de Joaquín Dicenta (1862-1917) localizada en los barrios bajos del Madrid de finales del siglo XIX y que algunos han descrito como «sainete proletario». Juan José se convirtió, desde su exitoso estreno teatral de 1895, en un título emblemático del movimiento obrero español por las connotaciones políticas de su trasfondo social y porque así lo manifestó el propio Dicenta en el prólogo, dedicando su drama «a los obreros en la fecha 1º de Mayo». Ya ese mismo año Isaac Albéniz estudia convertirla en ópera, pero la tiene que descartar por los proyectos que su mecenas inglés Francis Burdett Money-Coutts le escribe e impone. Incluso Federico Moreno Torroba, un compositor en las antípodas ideológicas de Joaquín Dicenta, manejó Juan José como argumento para una zarzuela durante los más convulsos años de la II República para no ser tachado de derechista. Como relata Ana Mª Freire: «La utilización de «Juan José» para la propaganda política fue continua durante la guerra, tanto en teatros públicos como en círculos obreros y ateneos libertarios. Manuel Dicenta, el actor hijo del dramaturgo, dio vida a un Juan José miliciano, mientras Rosa se convertía en enfermera en el frente». No deja de ser significativo que Juan José alcanzara las cien mil representaciones en agosto de 1936, llegando a convertirse en la obra teatral más representada en España, por detrás sólo de Don Juan Tenorio.

De ahí que, tarde o temprano, Juan José acabara en el punto de mira de Sorozábal, confeso republicano e izquierdista (“rojo peligroso” se definió él mismo en sus ácidas memorias), identificado con el tema, el argumento y la autenticidad de los personajes de la obra de un reconocido socialista como Dicenta y convertirla en ópera. Desde 1958 y durante once años, Sorozábal trabaja arduamente en la escritura del libreto, labor de la que nunca se había ocupado (salvo para el dúo cómico en caló gitano «Chinochilla de mi charniqué» de La del manojo de rosas, que le acarrearía la enemistad con su libretista Ramos de Castro por no quererle reconocer su autoría) en sus obras líricas. Para ello contó con la ayuda de Aurora Dicenta, hija del dramaturgo, quien le autorizó a modificar el final original de la obra de su padre: ahora Juan José no asesina a Paco, sino «sólo» a Rosa, quizá para no cargar las tintas con la censura, que ya había aceptado no de muy buena gana el proyecto de un sospechoso habitual como Pablo Sorozábal. La ópera Juan José estaba finalmente terminada en 1969. Como resume Mario Lerena en el programa de mano, Sorozábal, «marginado tras la guerra, viudo y enfermo, había presenciado el derrumbe de sus ideales de juventud, pero aún conservaba la rebeldía íntegra de aquel «niño terrible» que en su día revolucionara la escena lírica republicana».

El estreno de su nueva y ambiciosa ópera se planifica para 1979, gobernando la UCD. Sorozábal lo relata en Mi vida y mi obra: «Ahora, después de diez años de espera, cuando yo creí que ésta sería una de mis obras póstumas, se va a estrenar. Se estrena por chiripa, por carambola. El plan del Ministerio de Cultura era otro. Se había anunciado a bombo y platillo otro título, que no sé por qué no se ha estrenado… Y a última hora me pidieron «Juan José». ¿Un milagro? No sé. He conseguido incluso imponer un número de representaciones obligadas… Algo increíble… No salgo de mi asombro… Estrenar una ópera en España es como celebrar en dos días el nacimiento y el entierro de una obra. Eso me pasó con la maravillosa ópera de nuestro primer músico, Isaac Albéniz, con su «Pepita Jiménez» (ópera que Sorozábal revisó y adaptó). Se estrenó hace unos dieciséis años, se le dieron dos representaciones y no se ha vuelto a representar… ¡Ah! Si se tratase de una ópera italiana se cantaría todos los años y las muchas asociaciones de «Amigos de la Ópera» extranjera que tenemos en este país ya la habrían programado«.

Las negociaciones se van enquistando y finalmente el estreno de Juan José se termina frustrando por discrepancias insalvables entre Sorozábal y altas instancias ministeriales, que se vuelven a repetir, ya gobernando el PSOE, en 1989. El autor se desahogaría a gusto denunciando los palos que de nuevo las autoridades le pusieron en las ruedas: «¡A los visones no les gusta la música española! Ni tampoco a los abrigos de conejo o de gato. Anti musicales son todos, los de arriba y los de abajo. Tal vez sea la única cuestión en la que haya unanimidad entre las clases sociales en España. Para escribir una ópera en España es necesario, aparte de ser músico, ser un perfecto idiota; es como montar una fábrica de congeladores en el Polo Norte. Bueno, el mundo da muchas vueltas y a lo mejor el año 2000 España vuelve a tener cierta cultura musical, por lo menos la que tenía el año 1936. ¡Amén!«. Sorozábal erró el tiro por dieciséis años: Juan José, ya fallecido el compositor, tendría su primera representación escénica en 2016 en el Teatro de La Zarzuela (en versión de concierto se había interpretado en 2009 en el Kursaal de San Sebastián) y que estos días de 2024 se vuelve a reponer. Parecía que Sorozábal, aunque fuera a título póstumo, había por fin esquivado la maldición de Juan José.

Sorozábal quiso que Juan José fuera un «sainete madrileño cantado», «un drama social madrileño popular, en el sentido proletario y no folclórico», que partiera «de nuestro género chico pero dándole la dimensión de ópera». Y en la partitura abundan momentos de aliento operístico (el verismo sobrevuela en el dúo entre Rosa y Juan José que cierra el segundo acto, en la escena de la carta del tercer acto o en el dramático final de la ópera) pero también los ritmos típicos: pasodobles, coplas, rondas o canciones populares deudoras del mundo zarzuelístico. Como ejemplos, el castizo chotis «¿Es usté, vecina?» entre Paco y Rosa del primer acto (que recuerda al célebre dúo «¿Quién es usted? ¡Mussolini!» de su zarzuela La del manojo de rosas), el racconto de Andrés del segundo acto a ritmo de habanera-mazurca o el dúo «Vivir sin ti no es vivir» entre Rosa y Paco del último cuadro. Y es que Sorozábal siempre tuvo el instinto teatral de intuir lo que gustaba al público. Todo ello dentro de una estructura compleja y trabajada en la que, como señala Lerena, «una consistente red de motivos conductores o leitmotive, asociados a ambientes, situaciones y personajes, vertebra la acción con claridad». Porque a lo largo de su ópera Sorozábal hace eficaz empleo de la técnica que implantó Wagner a base de células musicales o motivos repetidos de forma recurrente: el tema del flirteo entre Paco y Rosa, el de las intrigas de la alcahueta Isidra, el de los anhelos de Rosa, el de la prepotencia de Paco… Mario Lerena valora Juan José «como un modelo de ópera contemporánea, por la actualidad de sus conflictos -el paro, la desigualdad social, o la violencia machista- y por la vigencia e inmediatez de sus códigos comunicativos; pese a que muchos no lo entendieron ni lo entenderán así. La propuesta, quizá, resultaba demasiado audaz para el público más conservador, pero insuficientemente iconoclasta para los minoritarios círculos de la vanguardia radical. Con todo, en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes creadores daba la espalda al mundo de la lírica, Sorozábal planteaba una vía de regeneración plausible: sublimar los registros del teatro lírico popular mediante una vuelta de tuerca expresionista». No en vano Sorozábal consideraba Juan José como su mejor composición.

Al frente del reparto, un pletórico Juan Jesús Rodríguez hace una formidable recreación del albañil Juan José, con un colosal chorro de voz que cortó la respiración del público, especialmente en el careo y reto del final del primer acto con Alejandro del Cerro (tenor muy justo en el agudo que, ante el estado de gracia del barítono protagonista, hizo lo que pudo como Paco, el maestro de obras) y en el dúo de la ruptura con Rosa (Saioa Hernández, que canta con mucha confianza y voz imponente) del segundo acto. En los papeles secundarios sorprendió la solvencia con la que Vanessa Goikoetxea (Toñuela) despachó su extenso papel del segundo acto, manteniendo muy dignamente el pulso a Saioa Hernández, con la que rivaliza en coprotagonismo durante la pucciniana escena de la buhardilla. Simón Orfila, como acostumbra, fue un eficaz Andrés; acertó María Luisa Corbacho su caracterización como la celestina Isidra (salvo en el exceso de maquillaje en el contorno de ojos, igual que Paco), aunque se quedó justa en lo vocal y Luis López Navarro mantuvo un buen nivel como el presidiario Cano. La entusiasta dirección de Miguel Ángel Gómez Martínez demuestra que, tras hacerse cargo del estreno de 2016, conoce la ópera de memoria, apuntando a los cantantes y modulando su acompañamiento para no tapar sus voces, ya que Juan José contiene muchos momentos de considerable densidad y complejidad instrumental (ahí está el magnífico interludio orquestal que separa los dos cuadros del último acto). La actual producción, reposición del estreno de 2016, mantiene la escenografía y la iluminación de Paco Leal y el vestuario de Pedro Moreno.

El director de escena José Carlos Plaza ubica la acción de Juan José en la misma época de la trama original de Dicenta, es decir a finales del siglo XIX. La temporada pasada, a propósito de las representaciones de La Dolores de Bretón, localizada por su autor durante las guerras carlistas de 1830, la directora escénica Amelia Ochandiano corrió la acción ciento veinte años, situando la afrenta de la copla aragonesa en la España de los años 50 para así ajustarla a un relato prefabricado por evidente interés ideológico. En esa misma línea hay que interpretar el consabido latiguillo de José Carlos Plaza, preocupado de dejar claro en unas recientes declaraciones, pese a no trasladar temporalmente la trama, que Juan José es el «retrato de una realidad desgraciadamente no muy lejana». Puede que el afamado regista se esté refiriendo a la realidad que asola España en tiempos recientes. Porque Plaza tiene donde elegir: la agresividad de los habitantes de unas partes de España contra los del resto; la violencia machista por parte de inmigrantes provenientes de zonas que no respetan los derechos de la mujer; las situaciones de pobreza a que se están viendo abocadas desde hace unos años millones de familias españolas por el desempleo, la precariedad laboral, la subida desaforada de los precios de la luz, el gas, los combustibles, los alimentos y, en general, por el alza disparada de la inflación (ese impuesto para las clases bajas, que en Juan José padecen sus protagonistas, condenados a empeñar sus bienes para llenar el brasero de carbón). Aunque lo más probable es que José Carlos Plaza esté con su frase tratando de extender y perpetuar el pecado nefando del franquismo, adjudicándole hasta lo que pasó en España siglos atrás por mera consigna política, mientras que sobre temas más candentes, aún sin cerrar o que empeoran y están abriendo la brecha de la desigualdad entre españoles día a día, se pasa de puntillas o se evita tratar. Algo muy recurrente y a lo que se suelen prestar nuestras élites intelectuales, más para la obtención de beneficios o réditos (y que no los obtengan otros) que por convicción. Por lo demás, lo que menos funciona en la correcta dirección escénica de Plaza es el movimiento escénico, con incomprensibles y demasiado espasmódicas coreografías de la figuración en las escenas de la taberna y el presidio.

Dicenta y Sorozábal tenían algo de almas gemelas. En su día, un cronista de la época escribió sobre el dramaturgo de Calatayud que era: «ceñudo unas veces, otras fraternal como un niño, tiene siempre la fuerza de la bondad; en una mano la tea, en la otra el ramo de rosas». Y a Pablo Sorozábal, como recuerda Manuel Román, «se le consideraba un personaje complicado, adusto, de mal carácter, fuerte temperamento y escasa diplomacia, disconforme con su entorno y crítico siempre con la vida cultural de la España de la posguerra y de los años siguientes». Quizá por ello y por desgracia, una ópera de la calidad de Juan José no encontró su lugar en la lírica española, tan escasa de obras de ese nivel musical. Sorozábal logró concluir su ansiada ópera, pero terminaría confesándole (él tan de izquierdas y tan nacionalista) con impotencia y resignación a un amigo que pretender estrenar Juan José era “tan absurdo como ir a dar clases de vascuence en Pekín». Que no se enteren Ortúzar, Otegui y compañía…

Videobibliografía:
– Ana Mª Freire: Juan José; de Dicenta a Sorozábal. La pervivencia de un argumento. Teatro de La Zarzuela. Madrid, 2024.
– Rafael Valentín-Pastrana: «La Dolores», la ópera con la que Tomás Bretón nos regaló dos perdices por barba a cada español. www.eltema8.com, 2023.
– Rafael Valentín-Pastrana: “El ópalo mágico». El zasca de Albéniz en toda la cara al imperio británico. www.eltema8.com, 2022.
– Rafael Valentín-Pastrana: “Entre Sevilla y Triana”: la zarzuela españolaza de un rojo peligroso. www.eltema8.com, 2022.
– Rafael Valentín-Pastrana: «La tabernera del puerto»: la zarzuela marinera de un rojo peligroso. www.eltema8.com, 2021.
– Rafael Valentín-Pastrana: A la sombra de la sombrilla de Romero y Fernández-Shaw. www.eltema8.com, 2021.
– Rafael Valentín-Pastrana: Mussolini en Chamberí; zarzuela y lucha de clases. www.eltema8.com, 2020.
– Ana Mª Freire: Juan José; de Dicenta a Sorozábal. Teatro de La Zarzuela. Madrid, 2016.
– Mario Lerena: Fin de un trayecto. La ruta de un ideal. Teatro de La Zarzuela. Madrid, 2016.
– Manuel Román: «Juan José», la obra musical que Sorozábal nunca pudo estrenar. Libertad Digital, 2016.
– Pablo Sorozábal: Mi vida y mi obra. Fundación Banco Exterior. Madrid, 2016.
Nota: Las imágenes de las representaciones y/o ensayos de Juan José incluidas en este post son © Teatro de La Zarzuela / Javier y Elena del Real. Madrid, 2024.



