El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

«Entre Sevilla y Triana”: la zarzuela españolaza de un rojo peligroso

Tras la Guerra Civil, Pablo Sorozábal (1897-1988) había quedado marcado como un bulto sospechoso («rojo peligroso» se autodefinió en sus memorias Mi vida y mi obra) y trataba de rehabilitarse profesionalmente como podía. La década de los cincuenta fue especialmente convulsa y poco fecunda para el compositor, que la dedica prácticamente entera en adaptar Pan y toros de Barbieri y en finalizar la ópera inconclusa de Isaac Albéniz Pepita Jiménez por encargo de sus herederos y obtiene algún que otro éxito escénico, como Las de Caín (1958), que sería la última de sus obras que Sorozábal viera subir a las tablas. En esos años también participa en trabajos alimenticios para el cine, colaborando en el gran éxito Marcelino, pan y vino (Ladislao Vajda, 1954). Y alterna la composición con la dirección de orquesta, pero en 1952 es depurado de la Orquesta Filarmónica de Madrid tras intentar programar la Sinfonía nº7 “Leningrado” del entonces subversivo Dmitri Shostakovich saltándose la prohibición expresa del ministro franquista de la gobernación Blas Pérez González.

El 8 de abril de 1950 se estrena en el Teatro Circo Price de Madrid el sainete lírico en dos actos Entre Sevilla y Triana. Del casticismo y de la lucha de clases en el Madrid de los talleres proletarios destilando sudor y grasa de La del manojo de rosas (1934) y del compromiso político y social con ritmos norteños de La tabernera del puerto (1936), esta vez para su nueva zarzuela Sorozábal prefiere evitar terrenos pantanosos y escoge moverse entre el colorismo y la gracia de la gente de los barrios de la capital andaluza separados por el río Guadalquivir: ya en las primeras estrofas los autores nos ubican dónde se desarrolla la acción del sainete y la razón de su título: «Entre Sevilla y Triana / hay un barco que no sabe / en qué orilla echar el ancla». El libreto de Luis Fernández de Sevilla (que venía de participar en otras dos zarzuelas del compositor: Don Manolito, de 1943 y La eterna canción, de 1945) y Luis Tejedor cuenta los amores de la trianera Reyes, madre soltera que es pretendida por José María, aunque ella sigue enamorada del marinero Fernando, padre de su hijo. Como recoge Consuelo Pérez Colodrero en las notas al programa, «un conflicto que desborda totalmente la estricta moral de la época».

Por lo demás, por la trama desfila la galería de típicos ejemplares de la raza, desde andaluzas de rompe y rasga («Soy como la Giralda, / firme sobre mis cimientos / ¡Que sepa todo el mundo / la verdad bien clara!» se presenta orgullosa y sin complejos Reyes, tratando con displicencia las habladurías del vecindario y ajena a los juicios morales de la sociedad de la época: «¡Un hijo de mi alma / no es hijo mal nacido! / ¡Que digan lo que quieran / que de todo me río! / ¿Qué importa que no lleve / de su padre el apellido? / Si yo casi me alegro / porque así es más mío») pasando por aspirantes a toreros, por galanes trasnochados y por maridos celosos. Y no parece que Sorozábal se sienta incómodo entre tanto tópico tardofranquista de la España de charanga y pandereta, aunque se le agradezcan al compositor donostiarra cierto distanciamiento en el tono general y la mala baba habitual de los textos de sus zarzuelas («Deje respirar a la chica, que ya no detienen a nadie por llegar tarde, gracias a Dios»), introduciendo elementos de transgresión y parodia. Como sostiene la musicóloga Celsa Alonso, «la censura distó de ser tan omnipresente, exhaustiva o coherente como la letra de la ley pudiera hacernos creer. De hecho, el énfasis oficial en la virtud pública de las representaciones contrastaba con una praxis mucho más irregular y arbitraria donde los géneros populares de baile, supuestamente prohibidos, aparecían de forma constante sobre escenarios y locales de encuentro, movidos tanto por intereses económicos como por la capacidad de escapismo que ofrecían a la población». Tras su exitoso estreno en Madrid y Barcelona, Entre Sevilla y Triana fue galardonada con el 1º Premio Ruperto Chapí, que convocaba la Delegación de Cinematografía y Teatro, a la mejor producción lírica de la temporada 1949-1950. Y es que, pese a la leyenda novelada de la implacable censura franquista, en la España en blanco y negro de los años cincuenta, un declarado y señalado compositor de izquierdas como Sorozábal podía estrenar tranquilamente una colorista zarzuela sobre una temática tan delicada y además ser galardonado por ello por el régimen.

En palabras de Consuelo Pérez: «en Entre Sevilla y Triana, el compositor siguió empleando con magistral soltura los modelos, símbolos y convenciones heredados de la tradición lírica precedente (…), pero los adaptó para hacerlos casar no sólo con la trama del sainete, sino también con su particular manera de hacer música, necesariamente mediada por sus muchos años de formación y estudio, su capacidad y conocimiento de la música sinfónica y coral y su aprecio por la música popular-tradicional». Y es que, a pesar de las circunstancias, Sorozábal, que siempre tuvo el instinto de intuir lo que quería la audiencia, volcándose en un teatro ligero dirigido al pueblo llano, sigue manteniendo su pulso teatral en Entre Sevilla y Triana: ahí están en el primer acto el quinteto «¡Pues sí que están serios!», que se transforma en dúo entre Reyes y José María, la farruca «Las mocitas de estos tiempos» a cargo de Micaela (papel escrito por Sorozábal a la medida de su esposa, la tiple cómica Enriqueta Serrano), la habanera de los marinos «De La Habana hemos venido» o la serenata de Fernando «¡Dios te salve, Sevilla!». Lógicamente, no pueden faltar elementos típicos de la esencia andaluza, mediante el empleo de guitarras y castañuelas o recurriendo a ritmos típicamente diferenciales como las tiranas, las coplas, las granaínas, las soleares por bulerías, los tangos de Triana o las sevillanas de rigor, que canta y baila Micaela acompañada del maletilla Angelillo en el segundo acto o el bolero entre Reyes y Fernando «Desde ayer te estoy buscando» o el dúo cómico «¡Me caso en la mar salada!» a ritmo de pasodoble (…torero y náutico, marca la partitura). Pero también encontramos en Entre Sevilla y Triana momentos de pura zarzuela, como las bellísimas romanzas de Reyes del primer acto («¡Que sepa todo el mundo / la verdad bien clara!«) y las de Fernando («Una más, una cualquiera«) y José María («¿Tú que sabes del cariño?») del segundo acto, en las que Sorozábal parece recuperar la inspiración musical de los años treinta. Eso sí, los intérpretes masculinos (los del primer reparto, uno tarraconense y otro vizcaíno) incorporaron a sus papeles un innecesario y poco conseguido acento andaluz, quizás siguiendo el modelo de Alfredo Kraus quien, en la versión discográfica de referencia de los años cincuenta, también lo forzó con resultado poco logrado.

Esta vez la producción es del Teatro Arriaga de Bilbao, el Teatro de la Maestranza de Sevilla, los madrileños Teatros del Canal y el Teatro Campoamor de Oviedo, con dirección musical de Guillermo García Calvo y escénica de Curro Carreres, uno de los artífices de la recuperación en 2007 de la partitura, que se encontraba arrinconada en los archivos de la SGAE por causas desconocidas y ajenas al valor de la partitura. En parecidas circunstancias se hallan otras zarzuelas de Pablo Sorozábal desde sus respectivos estrenos y que también merecerían reponerse: La isla de las perlas (1933), La ópera del mogollón (1954) o Brindis (1955, con los mismos libretistas de Entre Sevilla y Triana: Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor). Las representaciones contaron, para las escenas de las fiestas de la Cruz de Mayo del segundo acto, con un cuadro de bailaoras, cantaores y guitarristas que causaron furor entre el agradecido público del Teatro de La Zarzuela.

«Yo he vivido como un chulo, de tres mujeres: «Katiuska», «La tabernera del puerto» y «La del manojo de rosas». Gracias a ellas he podido comer y salir adelante y no ir a la cárcel o al exilio, que es donde debería haber ido» se sinceraría el compositor en entrevista concedida al diario El País en 1977. Y en justicia en esta relación debió añadir a Reyes, la protagonista de Entre Sevilla y Triana, un nuevo gran personaje femenino de otra inspiradísima, aunque injustamente olvidada, zarzuela de Pablo Sorozábal. Como resumiría Enriqueta Serrano, Entre Sevilla y Triana «tiene cuatro romanzas a cual más divina, dúos, duetos, bailes, coro y una partitura logradísima y un libro bueno y graciosísimo». Háganle caso a la señora de Sorozábal, que además, aunque en este sainete no llueva en Sevilla, que todos sabemos que es una maravilla, ¡hasta nieva!



Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

Bibliografía:

– Curro Carreres: La zarzuela sevillana de Sorozábal. Teatro de La Zarzuela, 2022.

– Consuelo Pérez Colodrero: Sainete, Andalucía, mujer. Teatro de La Zarzuela, 2022.

– Rafael Valentín-Pastrana: «La tabernera del puerto»: la zarzuela marinera de un rojo peligrosohttp://www.eltema8.com, 2021.

– Rafael Valentín-Pastrana: «Las Calatravas» de Pablo Luna: el género de la zarzuela toca a su finhttp://www.eltema8.com,2021.

– Rafael Valentín-Pastrana: Mussolini en Chamberí; zarzuela y lucha de claseshttp://www.eltema8.com, 2020.

– Celsa Alonso: Francisco Alonso: otra cara de la modernidad. Instituto Complutense de Ciencias Musicales. Madrid, 2014.

– Pablo Sorozábal: Mi vida y mi obra. Fundación Banco Exterior. Madrid, 1986.

Nota: Las imágenes de las representaciones y/o ensayos de Entre Sevilla y Triana incluidas en este post son © Teatro de La Zarzuela / Elena del Real, 2022.

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