El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

Juana de Arco en la hoguera de la inquisición (francesa)

Arthur Honegger (El Havre, 1892 – París, 1955)

De ascendencia suiza, Arthur Honegger (1892-1955) vivió y desarrolló toda su vida profesional en Francia. En 1916 se adscribió a Les Six, grupo de compositores de estética variada que había apadrinado Jean Cocteau y cuyos otros cinco miembros eran Louis Durey, Germaine Tailleferre, Darius Milhaud, Francis Poulenc y Georges Auric. Junto a sus compañeros, Honegger se propuso encontrar, como escribe el compositor gerundense Xavier Montsalvatge, «una salida más allá del callejón impresionista francés, soslayando, empero, la propuesta de los atonalistas vieneses». Honegger escribió en 1951: «Mi sueño era no componer más que óperas». Y efectivamente, su amplísimo catálogo cuenta con un importante número de obras escénicas, aparte de la que nos ocupa, entre oratorios, óperas y operetas: El rey David (1921), Judith (1925), Antígona (1927), Las aventuras del rey Pausole (1930), El aguilucho (1937), La danza de los muertos (1938), etc. Para el cine también dejó Honegger importantes bandas sonoras, como Napoleón (Abel Gance, 1927), Mayerling (Anatole Litvak, 1936), Mademoiselle Docteur (G.W. Pabst, 1937) o Pygmalion (Antony Asquith y Leslie Howard, 1938).

Jeanne d’Arc au bûcher, oratorio dramático en once escenas compuesto por Arthur Honegger y con libreto de Paul Claudel (1868-1955), fue un encargo original (tanto el texto como la música) de la bailarina, actriz y mecenas ucraniana Ida Rubinstein (1883-1960, que ya había colaborado con el compositor en sus ballets Phaedre y Semiramis) tras asistir juntos en la Sorbona a un misterio del siglo XII, El juego de Adam, que ponía en valor el legado musical del medievo francés. De ahí que el profesor David Cortes, en sus magníficas notas al programa, defina Juan de Arco en la hoguera como «un retablo o un misterio medieval». Su estreno, inicialmente en versión de concierto, se llevó a cabo el 13 de mayo de 1938 en la localidad suiza de Basilea, con la dirección de Paul Sacher y la propia Rubinstein interpretando a Juana. En Francia fue estrenada en 1939, primero en Orleans, después en Lyon en versión escénica en 1941 y finalmente en París, ya con un prólogo, en principio abstracto, añadido por los autores, pero que contextualiza la obra en un momento concreto en el que Francia estaba ocupada por el ejército alemán («¡Tinieblas! ¡Tinieblas! ¡Tinieblas! ¡Ah! / Y Francia estaba inerte y vacía, / y las tinieblas cubrían todo el reino. / Y el Espíritu de Dios, sin saber dónde posarse, / se cernía sobre el caos de las almas / y los corazones; / sobre el caos de las almas y las voluntades; / sobre el caos de las conciencias y las almas. / Francia desgarrada en dos para siempre. / Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»), en 1943. Textos que, no obstante y como era previsible tratándose Claudel de uno de los máximos exponentes del catolicismo francés en la literatura, no agradaron a la crítica progresista de izquierdas de aquel momento ni del actual, que los ha llegado a tachar de verborreicos, fallidos, divagatorios, píos, ñoños… Todo proviene de la auto atribuida superioridad moral de cierta ideología para la cual es imposible que haya intelectuales y artistas de derechas porque «la-cultura-es-de-izquierdas» y en cuanto eso se enfrenta con escritores (Claudel) y músicos de la católica Francia con fuertes convicciones religiosas (Honegger, pero también Poulenc o Messiaen), las mentes adoctrinadas cortocircuitan.

Nacida en 1412 en la localidad de Domrémy-la-Pucelle, en la Lorena francesa, Jeanne d’Arc fue una campesina que, durante la Guerra de los Cien Años (ciento dieciséis, en concreto) que mantuvieron Inglaterra y Francia, fue capturada por un grupo de nobles franceses aliados con los ingleses siguiendo órdenes del duque de Bedford. Según las actas que aún se conservan, Juana fue acusada y juzgada de herejía, brujería y apostasía por Pierre Cauchon, obispo de Beauvais, y condenada a ser quemada en Rouen el 30 de mayo de 1431, aunque el verdadero motivo de su proceso fue haberse significado en favor de Carlos VII y haber promovido su coronación como rey de Francia en Reims. En 1456 un tribunal presidido por el papa Calixto III revisó su juicio y anuló todos los cargos en su contra, declarando a Juana inocente y nombrándola mártir. En 1803 Napoleón la declaró símbolo nacional de Francia, siendo beatificada en 1909 y canonizada en 1920. En definitiva, un personaje histórico pero también legendario.

En este sentido, Jeanne d’Arc au bûcher es un buen ejercicio para informarse de que en esa época, aparte de en España, también había en otras naciones de su entorno inquisición, e incluso más terrible y más asentada que la que se atribuye al omnipresente Torquemada (del que tira la “leyenda negra” recurrentemente, incluso obviando las leyes del tiempo y el espacio: a pesar de morir en 1498, la sombra del dominico se extiende a obras localizadas un siglo después, por ejemplo el Don Carlos de Schiller/Verdi, que se desarrolla en 1568 o en la ópera La mulata de Córdoba, ubicada en México, fuera de los dominios del Gran Inquisidor), que tenía once años de edad mientras estaban quemando en la hoguera a Juana de Arco. Conviene recordar que un personaje de la zarzuela La bruja de Ruperto Chapí, con libreto de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza, afirmaba sobre los Austrias: «Con ellos seguiría imperando en nuestra patria la Inquisición, y el nieto de Luis XIV viene de una tierra donde no se ha implantado ese tribunal odioso». Pues sí: sí se había implantado en Francia y antes que en España. En el fondo, la supuesta intolerancia religiosa de España, presentándola intencionadamente como una excepción en la Europa de la época, sirve para desviar la atención sobre el fanatismo de otras naciones como Inglaterra, Holanda, Alemania, Italia o Francia, auto proclamada esta última como adalid de la razón ilustrada en oposición a la cerrazón e intransigencia del catolicismo español. Es sabido que de la patria de la Encyclopédie, nada malo puede venir, aunque también profesasen el catolicismo y masacraran a los hugonotes protestantes. Esta temporada de ópera en Madrid hemos asistido curiosamente a otra muestra de fanatismo religioso en otro país considerado avanzado porque afortunadamente había desterrado la práctica del catolicismo en sus territorios: la acción de la ópera El ángel de fuego de Sergei Prokofiev se desarrolla en la oscurantista Alemania luterana (Colonia y sus alrededores) de mediados del siglo XVI con su inquisidor protestante (el obispo de Trier-Tréveris) incluido y también termina con la protagonista quemada en la hoguera por bruja. Como la francesa Juana.

En España, Juana de Arco en la hoguera se estrenó en Madrid en versión escenificada en el Teatro de la Zarzuela en abril de 1957 y en el Teatro del Liceo de Barcelona en diciembre de 1959, con Ingrid Bergman como recitadora, quien ya había interpretado el papel de la doncella de Orleans en el largometraje Giovanna d’Arco al rogo que su marido Roberto Rosellini había dirigido en 1954. Jeanne d’Arc au bûcher está estructurada en escenas o cuadros, de naturaleza poética y alegórica y sin continuidad cronológica. La obra, según David Cortés, no es «un decurso argumental en el estricto sentido de la palabra (…), sino que la dramaturgia se activa en una serie de breves escenas independientes que se suceden con singular brusquedad». Montsalvatge describe el oratorio como un «mosaico hábil de corales abiertos y simples, canciones populares normandas, descripciones sinfónicas de una robusta pujanza o de una incisiva ironía, alternando con efectos tiernamente efusivos», una obra «de una admirable unidad, equilibrio y fusión de los dispares elementos que integran la obra, tan íntimamente conexa que nos hace pensar que el texto de Claudel no sería concebible sin la plasmación musical de Honegger».

Paul Claudel (Villeneuve-sur-Fère, 1868 – París, 1955)

Juana de Arco en la hoguera es una obra maestra ecléctica en lo musical: en ella encontramos expresionismo (Juana de Arco y el padre Dominique, que la defendió en el proceso, son personajes que recurren a la canción hablada o sprechgesang), música popular (la escena IX contiene canciones infantiles de la región de Lorena), jazz y cabaret berlinés (la iconografía de la escena IV remite al mundo de Brueghel y el Bosco: el obispo Porcus y el escribano están caracterizados respectivamente como un cerdo y un asno), maquinismo (la pieza sinfónica Pacific 231, de 1923, basada en el movimiento de una locomotora de vapor, sigue siendo la obra más célebre de Honegger y la escena VIII recurre a dicha estética en la marcha del rey Carlos VII a Reims), primitivismo arcaico (el coro a veces recuerda al mundo de Carmina burana de Carl Orff, que se había estrenado en 1937), hieratismo (la sombra de Stravinsky y sus retornos neoclásicos, a la manera de Œdipus Rex de 1927, siempre fue muy alargada y está presente en la intervención inicial del coro en el prólogo del oratorio) etc. Importancia especial tiene el empleo de las ondas Martenot, instrumento de sonoridad mágica e irreal, como de otro mundo (diseñado en 1928 por Maurice Martenot y para el cual compusieron, entre otros, Olivier Messiaen, Darius Milhaud, André Jolivet, Bohuslav Martinů, Edgar Varèse o Pierre Boulez), que expresa a la perfección la dimensión mística o surreal de ciertas momentos de la obra, como las visiones de Santa Margarita de Antioquía y Santa Catalina de Alejandría (en la sublime escena VII, epicentro de la obra) o en las escenas X y XI, en las que las citadas santas, junto a la Virgen María, acompañan a Juana de Arco en su expiación final, único momento en que la protagonista musita una sencilla pero emotiva canción popular de la zona de Normandía («Un petit brin de vot’farine / Un petit oeuf de vot’géline»), mientras agoniza entre las llamas. No en vano Honegger reconocería que su Jeanne d’Arc au bûcher se adscribe a «una forma de teatro que no es ópera, sino que es una síntesis de todos los elementos del espectáculo con el texto hablado”.

Completaba el programa una breve y temprana obra que Claude Debussy (1862-1918) había presentado para participar en el prestigioso Premio de Roma de composición: La damoiselle élue / La damisela elegida (1887), cantata para soprano, narradora y coro femenino sobre un poema del escritor simbolista y magnífico pintor inglés Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) que fue estrenada en 1893 y reorquestada en 1902. Àlex Ollé divide el escenario en dos zonas superpuestas relacionando estrechamente las dos obras: en la superior, el mundo de Debussy; en la inferior, la pasión de Juana de Arco, cuya alma asciende, tras su ejecución en la hoguera, en busca de la presencia de Dios. Como explica Joan Matabosch en las notas al programa: «Juana de Arco aparece suspendida del eje que une el cielo y la tierra, como si en ella se enfrentaran las fuerzas contrapuestas del cuerpo y del espíritu. Abajo, en el mundo terrenal, todo es caos, destrucción, suciedad, y los personajes terrenales habitarán este universo de corrupción y muerte. Arriba, el mundo celestial será el lugar de la luz y la pureza hacia el que el espíritu de Juana de Arco tiende en su afán de superar el mal».

Nueva producción del Teatro Real, con la participación de la Oper Frankfurt, Juana de Arco en la hoguera fue interpretada en su papel protagonista por la prestigiosa y oscarizada actriz francesa Marion Cotillard y contó en la dirección musical con Juanjo Mena y en la escénica con Àlex Ollé, uno de los fundadores de La Fura dels Baus, como evidencia el montaje, y para quien «se han cumplido ya las peores de nuestras expectativas actuales. Una Europa arrasada por fuerzas malignas, sumida en la catástrofe y deshumanizada, víctima de una auténtica re-feudalización del mundo, arrastrada por ese fanatismo que acabará llevando a Juana de Arco a la hoguera». La puesta en escena de Ollé (aparte de su fijación en advertir siempre de los peligros del mismo populismo, como si sólo hubiera uno) adolece de la costumbre, desgraciadamente arraigada en exceso entre los registas, de escenificar cosas que no se narran en el libreto: los campesinos de la región del Marne son presentados como… forofos de dos equipos de fútbol ataviados con camisetas, bufandas y blandiendo banderas y Juana dice que no puede firmar la sentencia porque sus manos están encadenadas, pero aquí le han puesto… una camisa de fuerza. El feísmo y el exceso tan intrínsecos a los creadores de este grupo teatral están presentes de inicio a fin del oratorio en la maquinaria, en el vestuario y en la caracterización de los personajes que rodean a Juana (algunos luciendo elementos postizos masculinos con el único e innecesario objeto de provocar) que parecen sacados de La Pasión de Cristo (2004) de Mel Gibson, por su suciedad, bajeza y zafiedad. Y es que Jeanne d’Arc au bûcher no deja de ser una especie de Pasión, como por otro lado ya había reflejado literalmente el director de cine danés Carl Theodor Dreyer en La Passion de Jeanne d’Arc de 1928. Las funciones fueron un éxito, cosa que se agradece y que es de justicia por tratarse de una apuesta que pretende dar a conocer una obra que se sale del sota-caballo-rey de los habituales repertorios de los teatros de ópera. Y gran parte del mérito hay que dárselo a la actriz Marion Cotillard que, con su entregada interpretación hizo creíble la fragilidad pero también la entereza de esta santa y heroína víctima del fanatismo e intransigencia en la Francia del siglo XV.

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

Videobibliografía:

– José Luis Téllez: Juana de Arco en la hoguera. Teatro Real. Madrid, 2022.

– David Cortés: Un cuerpo en llamas. Teatro Real. Madrid, 2022.

– Joan Matabosch: El retorno de la Edad Media. Teatro Real. Madrid, 2022.

– Rafael Valentín-Pastrana: «El ángel de fuego» o cómo el ucraniano Prokofiev acabó abrasado en la cacerola de Stalinwww.eltema8.com, 2022.

– Rafael Valentín-Pastrana: La «leyenda negra» en la ópera (…y en la zarzuela). www.eltema8.com, 2021.

– Rafael Valentín-Pastrana: La «leyenda negra» en la ópera. www.eltema8.com, 2020.

– Rafael Valentín-Pastrana: «Don Carlo» de Verdi o todos contra Felipe II: ¿imperiofobia…imperiofilia? www.eltema8.com, 2019.

– Xavier Montsalvatge: Juana de Arco en la hoguera. Orquesta Nacional de España. Madrid, 1978.

http://www.kareol.es/obras/cancioneshonegger/juanadearcoenlahoguera.htm

Nota 1: Este post, dedicado a Arthur Honegger, constituye el número 56 de la serie dedicada a Los titanes de la composición del siglo XX.

Nota 2: Las imágenes incluidas en este post de las representaciones y/o ensayos de Jeanne d’Arc au bûcher / Juana de Arco en la hoguera y La damoiselle élue / La damisela elegida son © Teatro Real / Javier del Real. Madrid, 2022.

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