El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

El oro retorna al Rin

La última etapa de Der Ring des Nibelungen / El anillo del nibelungo de Richard Wagner (1813-1883) se iba a haber llamado La muerte de Sigfrido. El compositor había empezado a escribir los textos en el convulso 1848 que desembocó en la sublevación de Dresde contra el rey de Sajonia en mayo de 1849, en la que se situó en el bando de los insurgentes, por lo que tuvo que huir y exiliarse en Zürich. Wagner se encuentra con que tiene una historia, pero que ha empezado la casa por el tejado. Así que, teniendo ultimado el capítulo final (la muerte del héroe y el colapso de la morada de los dioses), tuvo que tirar hacia atrás y ponerse a armar todos los hilos argumentales previos de sus personajes y reconstruir hechos ya pasados. La fase de escritura de los libretos le ocupa a Wagner hasta 1853 y una vez terminado se enfrasca en la composición musical (la última entrega del Anillo, ya con el definitivo nombre de GötterdämmerungEl ocaso de los dioses, la acomete Wagner en 1869, nada más y nada menos que veintiún años después de haber dejado escritos los textos) que llega a su fin en agosto de 1876 cuando se estrena, con gran expectación en Bayreuth, la Tetralogía completa. El compositor culminaba así su revolucionario proyecto con el que la palabra no volvería nunca a ser esclava de la música.

Para ponernos en situación y actualizarnos la información, las tres nornas, deidades femeninas que rigen el destino y que representan el pasado, el presente y el futuro, nos explicarán al inicio de El ocaso de los dioses todo lo acontecido en las tres jornadas previas de la Tetralogía: El oro del Rin, La valquiria y Sigfrido. También otros personajes a lo largo de la ópera nos refrescan lo acontecido en las tres óperas anteriores, como el propio Siegfrid en su racconto del último acto o en la narración de Waltraute, la hermana valquiria de Brünnhilde a quien visita en su círculo de fuego. En la cuarta ópera del ciclo asistiremos al fin de la tiranía de los dioses y a la destrucción del walhalla: ocaso, crepúsculo, caída, ruina…pero también redención. Un mundo que era ideal y puro pero que fue corrompido y puesto en peligro por la codicia de los humanos y de los dioses, que no sobrevivirán al cataclismo. Parecía que los protagonistas de la anterior entrega, el héroe Siegfried y la amazona Brünnhilde (que vuelven a encarnar Andreas Schager y Ricarda Merbeth, respectivamente), una vez obtenido el anillo y consumado el amor («saludo sagrado para mi mujer» lo describe Sigfrido), iban a salvar al mundo. Pero un nuevo personaje entra en escena: Hagen, hijo del primer dueño del anillo, Alberich y hermanastro por parte de madre de los pusilánimes Gunther y Gutrune, mandatarios de la estirpe de los gibichianos, rivales de los welsungos y a los que maneja como marionetas. Hagen (imponentemente interpretado por el bajo danés Stephen Milling) aprovecha el punto débil de Sigfrido (revelado por la despechada valquiria) y le asesina a traición por la espalda para arrebatarle el anillo y vengar a su padre («He educado a Hagen en un odio obstinado; él me vengará, él recuperará el anillo», le susurra Alberich a su hijo cuando se le aparece en sueños, en una de las escenas más inquietantes del ciclo). Cuando todo parece que está perdido y que el mal triunfará, Brünnhilde se sacrificará inmolándose para reunirse de nuevo con Siegfrid atravesando las llamas y devolviendo el anillo a las hijas del Rin, sus legítimas propietarias, propiciando que todo vuelva a su primitivo origen tras la destrucción del orden antiguo representado por el walhalla de los dioses desde donde reinaba y movía los hilos a su antojo su padre Wotan. Aunque, tras el largo y proceloso viaje, ya nada volverá a ser igual.

A estas alturas de la saga, para familiarizarnos con los argumentos y personajes, también ayuda que Wagner, demiurgo absoluto de lo que estaba creando, encadene en Götterdämmerung un leitmotiv detrás de otro, de manera que lo que no se nos narra directamente (en toda la Tetralogía, Wagner sólo recurre al coro en El ocaso de los dioses, así que en el resto del ciclo es la orquesta la que asume su papel comentando la acción mediante un amplio inventario de motivos musicales), lo discernimos los espectadores gracias a que ya estamos familiarizados con este personalísimo recurso ideado por el compositor bávaro y que ha ido perfeccionando según avanzaba el ciclo. Y que consiste en breves diseños rítmicos o melódicos que se emplean recurrentemente a lo largo de las cuatro óperas y que identifica a un personaje, un objeto, una situación o una emoción para una mayor facilidad en su reconocimiento y recuerdo por parte del oyente, y que el musicólogo Deryck Cooke, en su obra An introduction to Der Ring des Nibelungen, ha inventariado en ciento noventa y tres células-motivos (la Tetralogía es la «summa artis del leitmotiv», en palabras del especialista en el compositor bávaro Ángel Mayo) muy gratificantes de detectar y desgranar en una atenta y activa escucha a lo largo de todo el Anillo y que abarcan desde los cantos de sirena de las ninfas del Rin, pasando por el poder de la espada o las voces de la naturaleza, hasta llegar al último con el que se pone fin, tras dieciséis horas, a esta obra maestra: la salvación del mundo a través del amor. Un bellísimo tema musical que pone fin a esta apasionante Tetralogía wagneriana que, en palabras del estudioso José Luis Téllez, constituye «la epopeya operística más gigantesca que haya abordado jamás compositor alguno».

El musicólogo Chris Walton, en las notas al programa, nos recuerda que Götterdämmerung es «la única ópera de la historia que termina con una heroína a caballo lanzándose sobre un fuego crepitante que se ve apagado por un poderoso río en el que están nadando unas sirenas; y todo ello mientras, al fondo, empieza a arder un castillo en las nubes». Sin embargo, no esperen nada de esto en la presente producción de la Ópera de Colonia, con austera puesta en escena a cargo del canadiense Robert Carsen, que nos vuelve a situar, como en los tres episodios anteriores -también bajo la estajanovista dirección de Pablo Heras Casado- en un mundo sucio, empobrecido, lleno de inmundicia y en peligro de extinción, donde los personajes se mueven entre deshechos y basura por culpa de la falta de respeto del hombre hacia la naturaleza, en la línea de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marca la Agenda 2030.

La programación por parte del Teatro Real en cuatro temporadas consecutivas de la Tetralogía (titánico y loable esfuerzo que merece ser puesto en valor, más aún cuando se le han sumado las fatídicas circunstancias epidémicas sobrevenidas desde febrero de 2020 y que ha hecho tambalearse a todas las programaciones de los teatros de ópera a lo largo y ancho del mundo) ha sido una magnífica oportunidad para adentrarse en el inconfundible microcosmos wagneriano con su personalísima iconografía de héroes, conjuros, dragones, nibelungos, welsungos, gibichungos, valkirias, etc. en cuyo fascinante mapa de tramas argumentales, que beben de la pretérita tradición germánica de mitos y epopeyas convive un explosivo e irresistible cóctel de avaricia, traición, venganza, maldición, fratricidios, incestos, infidelidades, lujuria (curiosamente, a finales del siglo XIX las interpretaciones eróticas de las óperas de Wagner causaban más polémica que sus ideas políticas, que han dado lugar a absurdas elucubraciones en las que el compositor ha sido alineado con ideologías totalitarias futuras), etc. Un musicólogo francés de principios del siglo XX, Albert Lavignac, resumió con precisión cómo engancha el universo wagneriano: «Se va a Bayreuth como se puede, a pie, a caballo, en carruaje o en bicicleta; pero el verdadero peregrino debería ir de rodillas».

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

Videobibliografía:

– José Luis Téllez: El ocaso de los dioses. Teatro Real. Madrid, 2022.

– Chris Walton: El largo, largo ocaso de los dioses. Teatro Real. Madrid, 2022.

– Andrés Ibáñez: El ocaso de los dioses…y de nosotros. ABC Cultural. Madrid, 2022.

– Joan Matabosch: Echar la naturaleza a golpes de bieldo. Teatro Real. Madrid, 2022.

– Andrés Ibáñez: Todo lo que quería saber sobre Wagner. ABC Cultural. Madrid, 2021.

– Rafael Valentín-Pastrana: El despertar de Brünnhilde o cómo Wotan cavó su propia tumbahttp://www.eltema8.com, 2021.

– Rafael Valentín-Pastrana: El grito de la Rysanekhttp://www.eltema8.com, 2020.

– Rafael Valentín-Pastrana: ¡Maldito anillo! http://www.eltema8.com, 2019.

– András Batta/Sigrid Neef: Ópera. Könemann Verlagsgesellschaft mbH. Colonia, 1999.

– Ángel-Fernando Mayo: La ópera alemana. La solución wagneriana. Salvat S.A. de Ediciones. Pamplona, 1984.

– Ángel-Fernando Mayo: Wagner, el mago de Bayreuth. Salvat S.A. de Ediciones. Pamplona, 1982.

http://www.kareol.es/obras/elocaso/ocaso.htm

Nota: Las imágenes incluidas en este post de la representación y ensayos de GötterdämmerungEl ocaso de los dioses son © Teatro Real / Javier del Real. Madrid, 2022.

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Esta entrada fue publicada en enero 21, 2022 por en Música y etiquetada con , , .

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