El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

«El abrecartas»: el tardío ajuste de cuentas de Luis de Pablo con el franquismo

Luis de Pablo (Bilbao, 28.01.1930-Madrid, 10.10.2021) no pudo llegar a ver el estreno de su última ópera, El abrecartas, que sube a la escena del Teatro Real en primicia mundial este mes de febrero de 2022, cuatro meses después de su fallecimiento, en el fatídico musicalmente 2021, que también trajo la muerte de los compositores Antón García Abril y Cristóbal Halffter. El abrecartas constituye la sexta incursión de Luis de Pablo en el género operístico tras Kiu (1983), El viajero indiscreto (1990), La madre invita a comer (1993), La señorita Cristina (2001) y Un parque (2005). El abrecartas, en un prólogo y seis escenas, supone la tercera colaboración entre Luis de Pablo y Vicente Molina Foix (Elche, 1946) y parte de la novela homónima del escritor, que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa de 2007. El novelista desvela en las notas del programa cómo el 29 de octubre de 2006 recibió una carta de Luis de Pablo en la que el compositor, tras haber leído la novela El abrecartas recién publicada, escribió un enigmático paréntesis, como mostrándole en clave a su amigo novelista su contenida euforia: «(el entusiasmo es indiscreto)».

El compositor Luis de Pablo fotografiado en 2015 por José Aymá para la serie “Un disparo en 4×5 pulgadas” del periódico Crónica.

Fundador de laboratorios de música electroacústica, organizador de ciclos de conciertos de música experimental y de vanguardia, divulgador de músicas de culturas no occidentales, pedagogo, escritor, conferenciante, gestor de entidades culturales, Luis de Pablo es uno de los más significativos compositores españoles, con una amplia trayectoria que se desarrolla entre los siglos XX y XXI durante siete prolíficas décadas: dos en vida de Franco y cinco en Democracia. Y un compositor español que traspasó las fronteras: como señala el académico sueco Hans Åstrand, Luis de Pablo es «un bilbaíno muy español y muy europeo». El compositor destacó también como autor de veinticuatro bandas sonoras para algunas de las más emblemáticas películas de directores de la talla de Carlos Saura, Angelino Fons, José Luis Borau, Francisco Regueiro, Víctor Erice, Manuel Gutiérrez Aragón, Emilio Martínez Lázaro, Ricardo Franco, Gonzalo Suárez o Fernando Colomo. Y Luis de Pablo es también un gran operista, género al que accedió por primera vez ya en plena madurez creativa, con cincuenta y tres años de edad. Esta entrada tardía en el mundo de la ópera por parte del compositor bilbaíno dio lugar a críticas de los puristas: «¡Qué indiscreción! ¡Un compositor y, por si fuera poco, de óperas!», ironizaría Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard. «Para un creador genuino, la ópera no es una moda, sino un género que, si es capaz, puede reinventar» afirmaría De Pablo, que nunca le ha dado importancia a las críticas: «A la vista del barullo que nos rodea, la música es hoy la forma más refinada de silencio».

Molina Foix, gran melómano al que es habitual verle en las salas de concierto de Madrid, siempre se ha declarado admirador de Richard Strauss en general y de su ópera Capriccio en particular, con todo lo que esta obra supone de tratado sobre la relación entre el texto y la música y quién resulta vencedor en esta ancestral batalla. Y algo parecido pensaba De Pablo: «La música de una ópera no debe estar al servicio del libreto, pero tampoco debe ser tan protagonista como para que nadie se entere de lo que pasa. Hay que buscar un punto de equilibrio». Por lo demás Molina ha tratado de combatir «el fatalismo hispano (que) se contenta con repetir el lamento de la imposibilidad poco menos que bíblica de la ópera en España». Luis de Pablo también se manifestó sobre este eterno dilema: «A estas alturas, considero inútil, aburrido y hasta dañino, hablar de la ópera española como conflicto o problema». Y, con su directa y un tanto desabrida dialéctica, ha dejado algunas perlas sobre el público de los conciertos («Una persona que verdaderamente quiere complacer al público -entendiéndolo por la más amplia mayoría- lo que tiene que hacer es escribir canciones y dárselas a Julio Iglesias. Se pide al compositor actual que llene los conciertos de la Orquesta Nacional los viernes en el Auditorio, y eso es una soberana majadería. Lo que se debe pedir es música de buena calidad») y sobre los aficionados a la ópera («El que fue a escuchar el San Francisco de Asís de Messiaen (al estreno español en el Teatro Real) no tiene nada que ver con el que va a oír a Plácido Domingo cantando lo que sea, jotas o el Nabucco, le da igual, no tiene absolutamente nada que ver»).

El encuentro entre ambos autores se produjo en 1983 a raíz del estreno de Kiu, cuando se conocieron personalmente, cristalizando en dos óperas: El viajero indiscreto y La madre invita a comer. Tras el estreno en Venecia de esta última, Luis de Pablo vaticinó: «Tal vez hagamos un tríptico, algo así como una saga del egoísmo humano en clave de sarcasmo». Y así fue. Como recoge Molina Foix en sus notas al programa del estreno de su tercera ópera en común, «Luis de Pablo murió sin llegar a oír cantada y tocada la música por él compuesta a partir de la letra (libreteada por mí libremente) de las primeras 220 páginas de mi novela El abrecartas, ciñéndola, según una proposición suya que acepté sin dudar, a los años y los protagonistas de la primera mitad de siglo. Quizá en algunos rasgos de los inventados (…) se pueda adivinar (…) la España de una segunda mitad más prometedora y tolerante, que en tanto que libreto de ópera queda ahora guardado en un archivo como un texto indeciso y solo imaginado en la palabra escrita».

El escritor Vicente Molina Foix fotografiado en 2017 por Ferrán Nadeu para El Periódico.

Luis de Pablo en seguida supo apreciar las virtudes del libro de Molina y así se lo manifestó nada más leerlo: «Has escrito la novela de un par de generaciones: la mía y la tuya. Quizá eso sea lo que tanto me ha llegado, porque hay en ella gestos, decires, situaciones, amores, odios, personas vivas (¡y muertas!) que han sido los míos…y los de tanta gente. Con la diferencia de que tú los sabes atrapar y transmitir…¡y de qué forma!». De Pablo se refería a El abrecartas como su «testamento vital», pero no en «referencia a un legado o última voluntad, sino a una ligazón personal con la historia de su país, ya que en esta ópera, de un modo muy distinto al de las anteriores (que partían de libretos fantásticos o alegóricos), el músico aportaba su propia vida y mostraba sus aspiraciones, las logradas y las defraudadas». Ya Åstrand lo había apuntado a propósito de El viajero indiscreto: «Luis de Pablo y su poeta Vicente Molina Foix parecen traspasar las raíces tradicionales de la civilización europea para inventar un surrealismo ibérico: jugando con monedas conocidas, se obtienen, digamos, divisas nuevas y válidas en cualquier sitio».

En los cuarenta años que van de la primera a la última ópera de Luis de Pablo se puede apreciar su evolución musical: «En Kiu adopto un recitativo constante que está teñido de melodía y que va al arioso con cierta frecuencia». Sobre El viajero indiscreto el compositor declaró que «Hay, cómo no, alusiones a diversos estilos, incluyendo el mío de hace años. Pero no hay collages como tales: todo se disuelve y reordena en un material propio que es el único responsable del resultado». En La madre invita a comer el director de orquesta José Ramón Encinar habló de «una muy atractiva estilización de lo vulgar» y el director de escena Gustavo Tambascio destacó «el manierismo alambicado, el pseudobarroco y el pseudorientalismo». En La señorita Cristina el compositor bilbaíno recurre a modelos compositivos estereotipados formalmente según sea la situación estructural de las escenas: el vals para acompañar a la burguesía decadente, la mazurca y el tango para expresar erotismo y sensualidad y el canon para reflejar inmovilidad y éxtasis. En Un parque, su quinta ópera, el músico combina el misterio, las fuerzas ocultas, la fantasía y la realidad vista como en un espejo. Y en El abrecartas Luis de Pablo vuelve a recurrir tanto a estilos del pasado (motete, pasodoble, cuplé) como a ritmos de otras culturas no occidentales (fox-trot, tango, habanera), todos ellos muy bien concertados por el director de orquesta argentino especialista en música contemporánea Fabián Panisello, que fue lo mejor de las representaciones del Teatro Real.

Programa de mano del estreno absoluto de la ópera El viajero indiscreto, con los autógrafos y dedicatorias de Vicente Molina Foix y Luis de Pablo. Colección particular de Rafael Valentín-Pastrana

El abrecartas es, como resume Molina Foix, «una antiepopeya coral amarga y animada por las citas musicales y los brotes poéticos» y un «relato epistolar de vencedores y vencidos, de vividores sin escrúpulos y supervivientes rotos». El musicólogo José Luis Téllez habla en sus notas al programa de «corpus de misivas a través del cual es posible entresacar la historia española a lo largo del siglo XX (…) y sobre todo, se trata de un homenaje a los vencidos en la Guerra Civil provocada por la sublevación franquista».

En efecto, esta guerracivilista y revanchista ópera (distribuida en un prólogo y seis escenas que van de 1907 a 1956) tiene como maniqueos protagonistas a Federico García Lorca, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre (los héroes) o Eugenio D’Ors (el antihéroe por haberse adscrito al falangismo tras el Alzamiento, y presentado como un iluminado mujeriego que canta ridículamente el «Nena» de El último cuplé imitando a Sara Montiel), junto a personajes de ficción como Alfonso, un profesor de arte represaliado, Manuela, una actriz depurada (los buenos), el afeminado Comisario de la Brigada Político Social (secundado por un trío de «grises» que le hacen los coros a su jefe y a los que sólo les falta arrancarse con una jota, como el trío de «ratas» de La Gran Vía de Chueca) o el espía delator Fonseca (los malos). Todos los mitos y unicornios de la santa izquierda y todos los clichés antifranquistas habidos y por haber desfilan por El abrecartas (con Franco muerto desde hace más de cuarenta y seis años, eso sí): la libertad artística y sexual durante la idílica Segunda República, con el infalible triplete Institución Libre de Enseñanza-Residencia de Estudiantes-La Barraca, el barranco de Víznar, los héroes de la batalla de Teruel, las altruistas Brigadas Internacionales con un concienciado cubano al frente, el frío que hacía en Colliure, la ominosa prisión de Cuelgamuros donde los represaliados conmutaban su pena trabajando a destajo en el Valle de los Caídos, las fichas policiales de los intelectuales desafectos, la apropiación por el régimen del término «patria», la mofa de los bigotes del materialista y franquista sobrevenido Salvador Dalí, la mojigatería bajo palio, los discursos pomposos, etc. Los autores podían también haber escogido, pero igual no las conocían, estas sentidas líneas que escribió en 1944 el declarado periodista de izquierdas, y entonces cobardemente camuflado, Eduardo Haro Tecglen (Dies Irae, para el periódico Informaciones) en recuerdo de la ejecución de José Antonio Primo de Rivera y que encajaban perfectamente en el lenguaje rimbombante del franquismo:

«Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y enderezador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo».

O podían haberse reído (porque es difícil evitarlo cuando lo lees) del poema Redoble lento por la muerte de Stalin (1953) de otro famoso delator (pero esta vez de personas que iban a misa o que leían prensa de derechas), Rafael Albertí. Pero igual el compositor y su libretista no lo conocían; aquí tienen unos versos de muestra:

«Padre y maestro y camarada:

vuela en lo oscuro un gavilán.

Pero en tu barca una paloma,

pero en tu mano una paloma

se abre a los cielos de la paz».

En una de las escenas, se destaca la entereza y el sentido del humor de Miguel Hernández mientras sufría prisión en Alicante. Hubiera sido bueno que Molina Foix y Luis de Pablo también se acordaran de otros intelectuales víctimas de la Guerra Civil (que no se pueden encasillar en la trampa dialéctica de «vencedores y vencidos» ya que fueron asesinados al inicio de la contienda fratricida, en 1936 y no ganaron nada sino que perdieron la vida), como Ramiro de Maeztu, José Mª Hinojosa, Francisco Vega, Rufino Blanco, Manuel Bueno, Fernando de la Quadra Salcedo o Pedro Muñoz Seca: éste en concreto también hizo gala (como el poeta de Orihuela) de aplomo e ironía ante una situación trágica, cuando dijo camino de Paracuellos «me lo habéis quitado todo menos el miedo». Son muchos, y todos ellos ejecutados por el Frente Popular, pero alguno podría haber salido en El abrecartas.

En un momento dado de la segunda ópera de Luis de Pablo, su protagonista afirmaba: «Sólo soy un viajero. Y tengo una misión: escuchar voces nuevas, tocar lo que hace daño, probar gustos prohibidos…». Y, tras contemplar de lo que ha sido capaz en El abrecartas, su sexta, última y excesivamente politizada ópera, eso es lo que hizo Luis de Pablo hasta sus últimos días.

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

Videobibliografía:

– José Luis Téllez: Las voces de los vencidos. Teatro Real. Madrid, 2022.

– Vicente Molina Foix: La carta y el fantasma. Teatro Real. Madrid, 2022.

– Rafael Valentín-Pastrana: El séptimo arte de Luis de Pablo. Eltema8.com, 2018.

– José Luis Mairé: Luis de Pablo al habla. Fundación Juan March. Madrid, 2018.

– Rafael Valentín-Pastrana: Los titanes de la composición en el siglo XX (13, 14 y 15); los tres Halffter. Eltema8.com, 2015.

– César Rendueles: Luis de Pablo. A contratiempo. Círculo de Bellas Artes. Madrid, 2009.

– Juan Ángel Vela del Campo: Luis de Pablo estrena su quinta ópera. El País. Madrid, 2005.

– Rosa Iniesta: «La señorita Cristina». De la novela de Mircea Eliade a la ópera de Luis de Pablo. http://www.clasicasymodernas.org, 2001.

– Juan Ángel Vela del Campo: «La madre invita a comer»; Luis de Pablo estrena su ópera en clave de comedia negra. El País. Madrid, 1994.

– Luis de Pablo: Notas en torno a «El viajero indiscreto». Teatro Lírico Nacional La Zarzuela. Madrid, 1990.

– Vicente Molina Foix: Breve guía indiscreta para el viaje. Teatro Lírico Nacional La Zarzuela. Madrid, 1990.

– José Luis García del Busto: La andadura vital y artística de Luis de Pablo. Teatro Lírico Nacional La Zarzuela. Madrid, 1990.

– Hans Åstrand: ¡Qué indiscreción! ¡Un compositor y, por si poco fuera, de óperas! Teatro Lírico Nacional La Zarzuela. Madrid, 1990.

NotaLas imágenes incluidas en este post de la representación y ensayos de El abrecartas son © Teatro Real / Javier del Real. Madrid, 2022.

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