El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

Lucía y los hombres

Lucia di Lamermoor fue compuesta y estrenada en 1835 como reacción de Gaetano Donizetti (Bérgamo, 1797-1848) al éxito de su rival operístico  Vincenzo Bellini (Catania, 1801-1835) con I Puritani, compuesta el año anterior y localizada igualmente en la época de las pugnas entre los partidarios de Cronwell y los de los Estuardo. En esta ocasión asistimos a la lucha enconada entre un clan de escoceses católicos (los Ravenswoody una familia de reformistas ingleses (los Ashton, dueños del señorío del castillo de los Lamermoor, arrebatado a sus rivales), a partir del drama de Walter Scott adaptado por  Donizetti y su libretista Salvattore Camarano. 

La Escocia del siglo XVII del texto teatral original (adaptado al mismo espacio pero al siglo XVI en la ópera), es descontextualizada por el director escénico David Alden, trasladando la acción al mundo claustrofóbico victoriano del siglo XIX británico, con caserones decrépitos y decadentes a la manera de pabellones de reposo para enfermos mentales, austeras vestimentas y monopolio cromático de grises y negros tan sólo rotos por el violento rojo que mancha simétricamente el camisón-sudario de Lucia con la sangre de su marido de circunstancias Arturo Bucklaw, al que asesina durante la noche de bodas (la pieza original de Walter Scott de hecho se titula The bride of Lamermoor/La novia de Lamermoor). 

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En un curioso y sin duda deliberado ejercicio de continuidad de su transfondo subyacente, en las dos últimas producciones del Teatro Real hemos asistido a la cosificación de Marie, el personaje protagonista de Die Soldaten de Bernd-Alois Zimmermann, víctima de la violencia masculina de la europa bélica del siglo XVIII, que la degrada hasta convertirla en prostituta cuartelera y, sin solución de continuidad, hemos sufrido con la deshumanización de Lucia, otra víctima femenina de la violencia heteropatriarcal del siglo XVII, en el contexto del enfrentamiento religioso entre católicos y protestantes. Al igual que en Die Soldaten su protagonista femenina era víctima de su familia (padre), amantes (mandos militares, nobles adinerados) y entorno (capellán), la heroína de Donizetti es utilizada por su hermano (en la escenografía se refuerza esta idea con un violento y explícito abuso sexual de Enrico Ashton, magnífico Artur Rucinski, hacia su hermana), rechazada e incomprendida por su enamorado (al descubrir que Lucia ha prestado su consentimiento expreso al contrato nupcial con Lord Arturo) y manipulada por el pastor espiritual de la familia Ashton (que hace creer a Lucia que su amado Edgardo no contesta a sus cartas -que el propio capellán no ha hecho llegar a su destinatario deliberadamente- porque la ha abandonado por otra mujer).

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Quintaesencia del bel canto, Lucia di Lamermoor contiene momentos señeros en este estilo vocal del que Donizetti fue uno de sus máximos exponentes, como el aria inicial de Lucia “Quando rapito in estasi”, el dúo de su compromiso e intercambio de alianzas con Edgardo (interpretado por Javier Camarena, al que el repertorio belcantista le viene como anillo al dedo a su registro vocal) “Verranno a te sull’aure”, el inolvidable sexteto “Qui mi frena in tal momento?”, perfecta muestra de cómo compartimentar los simultáneos estados de ánimos de los personajes, manteniendo en la misma escena a cada uno de ellos con su pensamiento aparte en hipnótica suspensión, o la romántica y redentora plegaria final “Tu che a Dio spiegasti l’ali, o bell’alma innamorata” en la que Edgardo decide seguir la suerte de Lucia.

O, cómo no, “Il dolce suono” (más conocida como el “aria de la locura”), pieza de bravura para soprano (role a cargo de una espléndida Lisette Oropesa) que fue acompañada, tal y como ideó originalmente Donizetti, por la armónica de cristal (instrumento concebido por el mismísimo Benjamin Franklin en 1762 y cuyo empleo tuvo sus momentos de gloria hasta que pasó al olvido a mediados del siglo XIX), logrando ese mágico efecto a camino entre la ultratumba y lo supraterrenal, que tanto debió gustar a Olivier Messiaen y a su especial uso que siempre dio al instrumento de las Ondas Martenot para acompañar situaciones y expresar sentimientos similares, como el ascético momento de la aparición del ángel a Saint François d’Assise.

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

 

Bibliografía:

– Joan Matabosch: La locura o la emotividad sin trabas. Teatro Real. Madrid, 2018.

– Rafael Valentín-Pastrana: ¡Oye tú!¡Tu hija es una puta! http://www.eltema8.com, 2018.

 

Nota: Las imágenes incluidas en este post de la representación y ensayos de Lucia di Lamermoor son © Teatro Real/Javier del Real. Madrid, 2018.

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Un comentario el “Lucía y los hombres

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