El Tema 8

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“Norma” y “Brundibár”: la ópera como arma política

En una de esas casualidades irrepetibles y milagrosas que se dan en la vida, coinciden en la cartelera de estos días finales del febrero madrileño dos óperas de autores tan distintos como el siciliano Vincenzo Bellini (en el Teatro Real Norma, 1831) y el checo Hans Krása (en la Fundación Juan March Brundibár, 1938), separadas por más de cien años y compuestas en zonas culturales muy diferentes, lo que podría hacer pensar en que no tienen nada en común. Pero no es así.En la Italia de Bellini (1801-1835) empezaba a desarrollarse un movimiento político de protesta (el Risorgimento, que cristalizaría treinta años después, con la unificación italiana en 1861) ante la ocupación austríaca que gestionaba su dominio territorial del Reino de Italia del Norte desde Viena. Con el propósito de sortear la férrea censura de la potencia invasora, Bellini y su libretista Felice Romani (1788-1865) escogen, para su tragedia lírica en dos actos, una obra teatral francesa que había sido recientemente estrenada en el Teatro del Odeón, Norma ou L’infanticide de Alexandre Soumet, sobre los amores imposibles entre una sacerdotisa druida y el procónsul romano en torno al año 50 a.c. y situando la acción en una aldea gala ocupada por los romanos tras su triunfo en la Guerra de las Galias. “Historias como las de «Norma», de pueblos defendiéndose de la conquista romana, tenían un sentido muy fácilmente identificable para los espectadores italianos. El tema no aparecía explícito en la trama, pero todo el mundo comprendía exactamente de qué se estaba hablando y por qué. La asimilación de los milaneses a los galos era, por parte del público, automática, escribe Joan Matabosch en las notas al programa de mano. El público de Milán, donde se había estrenado Norma, sensibilizado ante la invasión de su territorio desde el fin de las guerras napoleónicas en 1815, capta el paralelismo y enfervorece de patriotismo con el coro ¡Guerra, guerra! que fue imitado por otros compositores del momento como fórmula artística de espolear de manera aparentemente espontánea al pueblo a modo de llamada a las armas para que apoyara la independencia de Italia: ahí están los coros de Giuseppe Verdi, gran militante de la causa nacionalista, para sus óperas Nabucco (1842: “Va, pensiero“), I Lombardi alla prima crociata (1843: “O Signore, dal tetto natio“), Ernani (1844: “Si ridesti il ​​Leon di Castiglia“) o Macbeth (1847: “¡Patria oppressa!“).En 1938 pasaba algo parecido: las ansias anexionistas del Tercer Reich de Hitler habían obtenido como premio sin apenas esfuerzo (especialmente por la torpeza de los mandatarios franceses e ingleses del momento, partidarios del apaciguamiento de la bestia a cambio de “la paz con honor”; poco después afirmaría el dictador alemán: “Nuestros enemigos no son más que gusanos, fáciles de aplastar. Lo comprobé en Múnich”) la ocupación de los Sudetes checos ese año y la constitución del Protectorado de Bohemia y Moravia en marzo de 1939, controlado desde Berlín y que fue una de las antesalas de la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto contrario a la anexión compone Hans Krása (1899-1944) como larvada protesta su ópera infantil Brundibár, una fábula protagonizada por niños (en Norma también tienen presencia importante sus dos hijos) y animales en la que el personaje central que da título a la obra es un aprovechado organillero que ocupa la plaza de localidad checa en la que viven los niños protagonistas, pretendiendo monopolizar la actividad económica del lugar y robando a los niños el dinero que se habían ganado legítimamente para tratar de curar a su madre de una enfermedad. “El dueño de Bohemia es el dueño de Europa”, había sentenciado Otto von Bismarck.Pero la coincidencia entre Bellini y Krása no sólo es geopolítica en cuanto a que les tocó vivir a los dos sendas invasiones de sus naciones perpetradas por potencias extranjeras. Hay otra conexión, esta vez musical, que resulta fascinante: Hans Krása es autor de otra magnífica ópera, Verlobung im Traum Esponsales en sueños (1933 basada en la novela El sueño del príncipe de Fedor Dostoievski), en la que -en terminología hitchcockiana- el macguffin de la obra es precisamente…la famosa aria “Casta diva” de Norma, que canta la protagonista Zina y con la que, azuzada por su ambiciosa y ladina madre, encandila a un acaudalado príncipe ruso.

Norma es la octava de las diez óperas que compuso Bellini, fallecido prematuramente a la edad de treinta y tres años en Puteaux (Francia) y cuya tumba se encuentra en la catedral de su Catania natal. Ópera romántica que marca el tránsito de Rossini a Verdi, Norma fue compuesta en tres meses y su estreno contó con la célebre soprano del momento Giuditta Pasta. Otras grandes prima donnas como María Malibrán, María Callas, Renata Scotto o Montserrat Caballé han engrandecido este personaje, que en palabras de Joan Matabosch es “madre, guerrera, amante, líder, vidente, juez, educadora, médico, manipuladora, íntegra en el momento crucial, «Norma» es todo eso”.Esta nueva producción del Teatro Real cuenta con la dirección escénica del australiano Justin Way, que juega con el teatro dentro del teatro y con la síntesis que hay en la ópera de Bellini y Felice entre tragedia griega (Norma tiene mucho de la Medea de Eurípides) y melodrama romántico, situando la acción durante un montaje teatral de Norma que tiene lugar en 1831, que se va alternándose entre bambalinas y el escenario y que combina la decoración y vestuario del siglo XIX con los brumosos bosques bajo la luz de la luna en una Galia habitada por druidas y sacerdotisas. La dirección de la orquesta corrió a cargo del italiano Marco Armiliato, que demostró su dominio en el belcanto de Bellini, especialmente en el preludio del segundo acto y con un modulado acompañamiento de las voces, meciendo siempre con dulzura a los instrumentos de cuerda como colchón que facilitaba la característica línea melódica sin fin y en suspensión de las arias y dúos entre Norma (la canaria Yolanda Auyanet, en uno de sus roles favoritos) y Adalgisa (la francesa Clémentine Margaine, toda una revelación). En una de sus malvadas boutades, el compositor Igor Stravinsky diría de Bellini que “ha recibido el don de la melodía sin siquiera pedirlo, como si el cielo le hubiera dicho «te entrego lo que tanto le falta a Beethoven»”.

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

Videobibliografía:

– Rafael Valentín-Pastrana: Terezín: la música os hará libres. www.eltema8.com, 2021.

– Joan Matabosch: Norma, la ópera imposible. Teatro Real. Madrid, 2021.

– Rafael Valentín-Pastrana: ¡Vedete il palco funesto. www.eltema8.com, 2019.

– José Luis Téllez: Norma. Teatro Real. Madrid, 2016.

Nota: Las imágenes incluidas en este post de la representación y ensayos de Norma son © Teatro Real / Javier del Real. Madrid, 2021.

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