El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

El flautista de La General

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Die Zauberflöte / La flauta mágica, singspiel en dos actos con libreto de Emanuel Schikaneder (1751-1812) es la última ópera que estrenó Mozart (la última que compuso fue La clemencia de Tito), subiendo a la escena con gran éxito en Viena el 30 de septiembre de 1791, poco más de dos meses antes del prematuro fallecimiento del compositor, el 5 de diciembre. Desde entonces no es sólo la ópera mozartiana más celebrada, sino también una de las obras más representadas del género operístico de todos los tiempos. Incluso el dramaturgo Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), a la sazón director artístico del teatro de ópera de Weimar, planeó tras la muerte del compositor una secuela de La flauta mágica, fracasando en el intento.

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Fábula, fantasía, parábola, cuento de hadas con moraleja, alegoría en clave filosófica, cabalística…pero sobre todo masónica (todo en la ópera gira en torno al mágico número tres siempre presente en la francmasonería empezando por su emblemático triángulo: el acorde de inicio en la obertura se repite tres veces, tres Damas, tres Genios benéficos…), La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) narra el proceso iniciático del príncipe japonés (la ubicación de la historia y la nacionalidad de los personajes son lo de menos) Tamino desde el Reino de la Noche al Templo de la Sabiduría, con el que aprende a entender el sentido del mundo, pasando de ser un “hombre natural” a convertirse, tras adquirir el conocimiento y descubrir junto a la princesa egipcia Pamina el amor (gracias a superar una serie de pruebas: la del silencio, la de la tentación, la del fuego, la del agua…), en un “hombre espiritual”, alcanzando el grado más alto en el cosmos: la divinidad (“Pronto el noble joven sentirá / una vida nueva; / pronto estará completamente / entregado a nuestro servicio. / Su espíritu es audaz, / su corazón es puro, / pronto será digno de nosotros” le cantan a Tamino los sacerdotes antes de someterse a las pruebas, mientras cuando superan el ritual les saludan a él y a la también candidata Pamina con un “¡Gloria a vosotros, iniciados! / Atravesasteis la noche”). Por el contrario a su acompañante de itinerario Papageno, que prefiere abandonarse al instinto y a lo primario (“Una muchacha o una mujercita / es lo que Papageno desea. / ¡Oh, una suave pichoncita / sería para mí la bienaventuranza! / Entonces me sabrían bien / la comida y la bebida” canta en el segundo acto a modo de credo) le falta transcender de lo material para llegar a adquirir la plena dignidad de un hombre. Lo que ahora sabemos es que Mozart había sido introducido en la institución de la masonería (su logia era La Gran Esperanza Coronada) en 1784, en la que también militaba su libretista Schikaneder, hombre multidisciplinar que por cierto se reservó para el estreno la interpretación del personaje de Papageno.

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Aunque en este tránsito desde el oscurantismo a la libertad de pensamiento no todo es blanco y negro: como apunta Joan Matabosch, “hay manchas más inexcusables de lo que querríamos reconocer en quien encarna lo ilustrado y, a su vez, que hay un cierto altruismo entre las tinieblas de quien personifica lo anacrónico. (…) Mozart sintonizaba con ese nuevo pensamiento más laico, más libre, más igualitario y más racional, que se abría camino en último tercio del siglo XVIII, y encontró en la forma popular del singspiel, lúdico, vital, en alemán, alternando canto y declamación y en contraste con la rigidez retórica de la opera seria, un altavoz brillante de esta nueva sensibilidad intelectual y política que quería contribuir a propagar y a ver triunfar en toda Europa”. Así el singspiel encontraría como géneros homólogos en su entorno la opéra-comique en Francia, la ballad-opera en Inglaterra o la zarzuela en España…aunque Mozart denominó Die Zauberflöte como una ópera alemana” y en la portada del libreto original reza una gran ópera”.

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El Teatro Real repone, tras su éxito en 2016, la espectacular producción de La flauta mágica ideada por el director escénico australiano Barrie Kosky, con la colaboración de Suzanne Andrade y Paul Barritt, que es un prodigio de ritmo y dinamismo gracias a la ausencia de decorados y mobiliario, que son sustituidos por grafismos y animaciones que se proyectan sobre un fondo y con los que los personajes de la ópera se integran e interactúan como si fueran unos cartoons más. En ocasiones los montajes de Die Zauberflöte hacen que resulte una ópera excesivamente confusa y esotérica. Pero en esta ágil puesta en escena las referencias a la imaginería visual relacionada con el cine y otras artes (pop-art, litografía, cartografía…) es apabullante y facilita el entendimiento de la acción, de las tramas y de las reacciones y sentimientos de los personajes: cartelas con textos y onomatopeyas tomadas de las comedias del género slapstick del cine mudo sustituyen a los áridos y monótonos recitativos, en los que también el habitual clavicordio ha sido reemplazado por un pianoforte que nos retrotrae a las pianolas que antes del descubrimiento del sonoro cubrían musicalmente aquellas proyecciones de los inicios del séptimo arte.

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Los guiños a personajes del celuloide abarcan a todos los roles de La flauta mágica: la Reina de la Noche es una mezcla de la Elsa Lanchester de La novia de Frankenstein y los coléricos alienígenas de Mars attacks! El mundo de James Bond y Rodolfo Valentino está presente en la iluminación y el vestuario de Tamino. Pamina luce el peinado que inmortalizó Louise Brooks en La caja de Pandora de Pabst. Monostatos, caracterizado como el Nosferatu de Murnau, comanda un ejército de hombres-lobo extraidos de las películas de monstruos de la Universal. Papageno parece el héroe de El maquinista de La General…aunque al final (atrapado en matrimonio por una Papagena con aires de starlette de musical americano de los 50) recuerda más bien a aquel insensato protagonista de Siete ocasiones, otra inolvidable obra maestra de Buster Keaton, que se quería casar a toda costa. 

 

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

 

Videobibliografía:

 

– Joan Matabosch: La Ilustración y la “mayoría de edad” de la Humanidad. Teatro Real. Madrid, 2020.

– José Luis Téllez: La flauta mágica. Teatro Real. Madrid, 2019.

– András Batta/Sigrid Neef: Ópera. Könemann Verlagsgesellschaft mbH. Colonia, 1999.

 

Nota: Las imágenes incluidas en este post de la representación y ensayos de Die Zauberflöte son © Teatro Real / Javier del Real. Madrid, 2020.

 

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Esta entrada fue publicada en enero 17, 2020 por en Música y etiquetada con , , , , , , , , , .

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