El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

Kaija Saarahio: la compositora que vino del frío

Llega al Teatro Real Only the sound remains (2016), una de las más recientes aportaciones al género operístico, debida a la finlandesa Kaija Saarahio (Helsinki, 1952), quizá las más brillante compositora, junto a la rusa Sofía Gubaidulina (Chístopol, Tartaristán, 1931), del siglo XXI.

KaijaSaariaho0201

El mundo sonoro de Saarahio se caracteriza por el color tímbrico (la compositora finlandesa se inclinó inicialmente por los estudios de pintura, antes de reconducir su arte hacia la música) y el empleo de la música electroacústica (por la pasión que desde niña tuvo a los aparatos de grabación de sonido en cinta). Su mundo compositivo bebe de los Cursos de Verano de Darmstadt, el IRCAM de Pierre Boulez, la música concreta (ideario que aboga por descontextualizar los sonidos, fijándolos en un soporte analógico o digital para posteriormente tratarlos por separado, manipulándolos, cortándolos, superponiéndolos y combinándolos hasta crear con ellos una nueva y compleja obra) y el espectralismo (estudio del espectro sonoro del sonido).

Su interés por la ópera es tardío (Saarahio se lamentaba de que fuera un género caduco y superficial con cantantes escandalosamente caros que alardeaban de sus técnicas vocales). Es a partir de fijar su residencia en París en 1982 cuando la compositora descubre lo espiritual y profundo que puede llegar a ser este género tras asistir al estreno mundial, en 1983, de la monumental ópera de Olivier Messiaen Saint François d’Assise. A pesar de lo poco práctico de su disposición orquestal, coral y de intérpretes, el austero montaje posterior que hizo de esta ópera en Salzburgo el escenógrafo Peter Sellars (que firma desde el año 2000 la puesta en escena de todas las óperas de Saarahio, hasta ahora cinco: L’amour de loin, Adriana Mater, La passion de Simone, Émilie y la que ahora nos ocupa) le termina de señalar el camino a la finlandesa. 

Esta austeridad se refleja en los medios empleados en las óperas de Saarahio en general y en Only the sound remains (que se podría traducir como Sólo permanece el sonido) en particular: la escena es compartida por únicamente dos cantantes solistas (barítono y contratenor, el magnífico Philippe Jaroussky), acompañados de una bailarina para la segunda miniópera. Y en el foso el director dirige a un escueto conjunto de siete músicos (un cuarteto de cuerdas, una flauta, un kantele -instrumento de cuerda pulsada típico de Finlandia y similar a la cítara – y un percusionista) y cuatro voces de coro (soprano, tenor, contralto y bajo) que van punteando la acción que se desarrolla en el escenario. 

La ópera es un díptico formado por dos piezas independientes entre sí a pesar de su evidente homogeneidad temática, estilística y estructural: Always strong/Siempre fuerte, sobre Tsunemasa, el laudista del emperador, muerto en la batalla y que se le aparece al sacerdote de la corte Gyokei y Feather mantle/El manto de plumas, sobre Hakuryo, un pescador que encuentra las alas de un ángel y se encapricha de ellas hasta que acuerda devolvérselas a cambio de que baile para él su danza sagrada. Ambas piezas se inspiran en el mundo del teatro Nō japonés, adaptado al inglés por Ezra Pound y Ernest Fenollosa: historias de sueños, espíritus que regresan de ultratumba, ángeles que nos visitan del cielo, en una escenografía minimalista a la luz de una luna sin nubes. Dos relatos sin continuidad pero simétricos sobre la delgada línea que separa la vida y la muerte y que remite a aquellos inolvidables Cuentos de la luna pálida/Ugetsu monogatari (Kenji Mizoguchi, 1953) y sus espectrales relatos sobre fantasmas que traspasan el espejo e interactúan con los vivos.

Saariaho

Fascinante espectáculo, en definitiva, no apto para haters de Stéphane Lissner o Gerard Mortier, reputados directores del Teatro Real (de 1995 a 1997 el primero y de 2010 a 2013 el segundo) que durante sus respectivas intendencias encontraron, por programar ópera contempóranea, una enconada resistencia por parte de los opereros del sota-caballo-rey, esos que todos tenemos más de uno al lado y que pretenden que los teatros de ópera programen exclusivamente faustos, cármenes y aidas y que no se desvíen hacia obras del siglo XX y no digamos ya del XXI. Bienvenida sea por tanto a Madrid Kaija Saarahio, esta titana de la composición del siglo XXI. 

 

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

 

Vídeo-Bibliografía:

– José Luis Téllez: Only the sound remains. Teatro Real. Madrid, 2018.

– Joan Matabosch: Entre el mundo físico y espiritual. Teatro Real. Madrid, 2018.

– Rafael Valentín-Pastrana: Los titanes de la composición del siglo XX (9): Sofía Gubaidulina. http://www.eltema8.com, 2014.

Nota 1: Este post, sobre el arte de Kaija Saarahio, constituye el número 25 de la serie dedicada a Los titanes de la composición del siglo XX-XXI.

Nota 2: Las imágenes incluidas en este post de la representación y ensayos de Only the sound remains son © Teatro Real/Javier del Real. Madrid, 2018.

 

barcode2-150

Ima0gen1

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

e6e9b28c-c0b3-396e-9ffb-41ac573971ed

A %d blogueros les gusta esto: