El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

Duquesa de Medina, tú me juraste amor… ¡y resulta que me llevas a un partido de fútbol!

En 1850 Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894) había tomando la decisiva decisión para el teatro musical español de constituir una sociedad para promover temporadas líricas. La apodó, como relata Víctor Sánchez en sus magníficas notas al programa de mano, La de los siete pecados, adjudicándole Barbieri, con ironía y desde el cariño, un vicio a cada uno de sus socios: «Soberbia, Luis Olona (escritor); avaricia, Francisco Salas (cantante y principal inversor inicial); lujuria, Cristóbal Oudrid (compositor y director de orquesta); ira, Joaquín Gaztambide (compositor); gula, Rafael Hernando (compositor); envidia: José Inzenga (compositor); pereza: Barbieri (compositor y director del coro)«. Tras sus escarceos iniciales1, Barbieri daría con la tecla con Jugar con fuego, a partir de un libreto de Ventura de la Vega (1807-1865), y que se consolidaría como una de las joyas del teatro musical español desde su estrepitoso -por apoteósico- estreno2 el 6 de octubre de 1851 en el Teatro del Circo de Madrid, al que siguieron representaciones de la obra en las principales ciudades de España y en plazas hispanoamericanas como La Habana, México o Buenos Aires3. Con esta zarzuela grande4 en tres actos, Barbieri marcó un antes y un después en la historia de la música escénica española, al superar el estático y estereotipado género de la tonadilla y darle una verdadera dimensión dramática: el compositor enarbola el término y, tras su estreno, declararía que «el público a una voz decía: esto es una verdadera zarzuela” y fue consciente de que, como escribe la musicóloga María Encina Cortizo, Jugar con fuego «marcó la senda que había de seguirse en adelante, por lo cual todo el mundo la considera como la verdadera piedra angular de la zarzuela moderna”. De hecho, se puede afirmar que Jugar con fuego (1851) es el alfa y La tabernera del puerto (1940) el omega de los noventa años ininterrumpidos de apogeo del teatro lírico español.

Jugar con fuego está ambientada en el palacio y jardines del Buen Retiro en tiempos de Felipe V, lo que no es óbice para que el público de la época estableciera paralelismos con la actualidad política española que se vivía en esos años isabelinos de mediados del siglo XIX y censurara a personajes que representaban la petulancia y la miseria moral de parte de la nobleza del Antiguo Régimen. Por eso, en la escena final del manicomio, el marqués de Caravaca recibía su justo merecido. Barbieri repetiría la fórmula en sus siguientes zarzuelas grandes y así Los diamantes de la corona (1854) se desarrolla en Portugal en tiempos de María Francisca de Braganza, Pan y toros (1864) durante el reinado de Carlos IV y El barberillo de Lavapiés (1874) en el contexto de la corte de Carlos III. En Jugar con fuego la presencia de Felipe de Anjou, como destaca Cortizo, culmina en su papel de juez supremo que irrumpe en la acción para (como en las comedias de Lope de Vega, Calderón de la Barca o Ruiz de Alarcón5) resolver los motines y conspiraciones palaciegas y repartir justicia. Historia de intrigas y de espías… aunque, para espionaje, del que fue acusado Ventura de la Vega por «fusilar» la comedia teatral francesa de 1833 Madame d’Egmont, ou Sont-elles deux?, obra de unos tales François Ancelot y Alexis Decomberousse que, con malicia el teatro Variedades, competencia del Circo, programó en paralelo a Jugar con fuego para poner en evidencia del público madrileño el descarado plagio, muy habitual en la época previa a la consolidación de los derechos de autor6, de los que Barbieri sería activo valedor y pionero en España.

El idioma propio español, como defendió firmemente Barbieri, era irrenunciable para su proyecto lírico nacional. Pero musicalmente, como señala Víctor Sánchez, en Jugar con fuego “los referentes españoles son circunstanciales. Apenas algunos detalles tímbricos y rítmicos”; más bien su zarzuela está dominada, añade, por el «estilo internacional del teatro lírico del momento, frente al que ningún compositor sentía la necesidad de escapar». Son innegables las influencias de las escuelas italianas y francesas de principios del siglo XIX presentes en Jugar con fuego:

  • Ahí están el uso de ciertas expresiones y palabras («¡Basta, basta!», «embrollo» ,«billete», «proferir«…) y los juegos silábicos (en especial el memorable «Oh marqués de Caravaca / suelta, suelta, daca, daca / tras la chupa y la casaca / la camisa soltarás» de la última escena, nº12 Aria y coro) que recuerdan inevitablemente las óperas bufas de Rossini.
  • Sin olvidar el recurrente empleo del contratempo (como en el nº2 de la zarzuela, el Dúo entre el Duque y el Marqués o en el nº7, Dúo de la carta), siguiendo la imitadísima técnica que Donizetti había implementado en L’elisir d’amore.
  • Algunas escenas de conjunto y los concertantes que finalizan los actos, destilan el aroma belcantista de Bellini y la espectacularidad de la Grand Opéra de Auber o Meyerbeer.
  • Incluso en el «¡Suene, suene la trompa guerrera!» que entonan los locos al final de la zarzuela, la referencia al Verdi de «Il trovatore» («Squilli, echeggi / la tromba guerriera, / chiami all’armi, / alla pugna, / all’assalto») es evidente… ¡aunque la inmortal ópera italiana se estrenará dos años después que Jugar con fuego!

La zarzuela se inicia con una escena coral durante la fiesta de San Juan a orillas del río Manzanares, aunque Barbieri aún no lo aprovechará musicalmente para derrochar españolidad, cosa que sí hará en las aperturas de Pan y toros y El barberillo de Lavapiés. Aún así, hacia el final de la obra, Barbieri introduce en la acción (durante el Coro de los locos) el ritmo español del bolero proveniente de la la tonadilla popular castiza Canción de las habas verdes.

Sirva esta detallada pero necesaria introducción para poner en contexto una obra, Jugar con fuego, que es clave en el género de la zarzuela. Sin embargo la actual gerencia del Teatro de La Zarzuela está optando por “zarzalizar” (de Proyecto Zarza) toda la programación de la temporada, descontextualizándola hasta extremos discutibles: de lo que nació como una concesión excepcional cada año para atraer al público joven al género, adaptando a sus gustos -supuestamente- obras líricas del pasado, se ha pasado a naturalizar la transformación de casi todas las obras programadas (en la presente temporada, ya se ha «resignificado» a Arrieta, Granados, Falla, Vives… y ahora a Barbieri), «transtemporalizando» el género de la zarzuela y sirviéndose de él como altavoz para la propaganda de ciertas -siempre las mismas- ideas políticas. Marina Bollaín, que firma la versión y la dirección escénica de Jugar con fuego, lo llama «hacer una relectura de todo lo que habla esta obra y volverla a mirar desde nuestros días». Así, la acción se traslada a donde -en palabras suyas- «se corta el bacalao»: un estadio de fútbol donde conviven el público (en los pasillos y vomitorios) con la élite económica, política y mediática (en el palco de honor): forofos, vendedores, camareros, azafatas, sanitarios, policías, guardaespaldas y personal de seguridad circulan por esta adaptación de la obra de Barbieri y Ventura de la Vega en tiempos de selfies, chateos, acosos, magreos (algunos, gratuitos y contraproducentes, como el del Duque hacia su hija la Duquesa) y… “que corra el aire”.

La nueva dramaturgia ideada por Marina Bollaín funciona en contadas ocasiones, como en el inicio del segundo acto, cuando sobre el colchón musical del interludio de Barbieri, los diálogos recreados por la adaptadora se integran convincentemente en la acción. Pero, por lo general, los textos chirrían por forzados y se disocian del libreto original. Y Bollaín parece no haber tenido en cuenta que hay espectadores a los que no les atrae el fútbol; o que, gustándoles la zarzuela e incluso el fútbol, no son aficionados a cierto club madrileño: nada más levantarse el telón el vídeo que se proyecta deja claro de qué equipo es seguidora la directora de escena. Y a ello se presta la iconografía, parafernalia y merchandising que despliega la escenógrafa Blanca Añón, con un empeño obsesivo en exhibir la vitrina de trofeos. El vestuario de Teresa Mora se adapta al planteamiento de Bollaín (chándales, equipaciones, uniformes, gorras, bufandas…), llevado al extremo del feísmo (Félix y Antonio están toda la zarzuela disfrazados de mascotas de los equipos, uno con mangas y leotardos de tigre y el otro de balón hinchable…) y de los combinaciones cromáticas imposibles (mucho morado, a saber si como guiño a los colores del Real Valladolid Club de Fútbol… o a los de Podemos, ahora que la formación política vuelve al redil de la izquierda fetén). La iluminación de Marc Gonzalo apenas se luce -por decir algo- en el tercer acto con despliegue de neones y fogonazos.

A la batuta, Álvaro Albiach en líneas generales dio prestanza a la música de Barbieri, aunque en algunos pasajes descuidó el equilibrio de los instrumentos, por ejemplo desbocándose trompetas y trombones en el trío del primer acto. Del primer reparto, destacó Ruth Iniesta (Duquesa de Medina) por su desparpajo y musicalidad; Alejandro del Cerro (el plebeyo Félix) estuvo correcto pero muy justo de agudos, mientras que José Antonio López (Marqués de Caravaca), con tablas y solvencia vocal, adoleció de escasez en los registros graves. Elevaron el listón, entre los papeles secundarios, un muy digno David Lagares (Duque de Alburquerque), un cumplidor Manuel de Diego (Antonio) y una Zaira Montes (Condesa de Bornos) sobrada de soltura.

El resultado, no se sabe si captará a algún incauto o más bien repelerá a los amantes al género, público normalmente reticente con este tipo de experimentos. Por la fría reacción del público, parece que lo que ha pasado es lo previsto: que cuando uno juega con fuego, se quema.

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

Notas a pie de página:

  1. Las cuatro obras que preceden a Jugar con fuego en el catálogo de Barbieri son: Gloria y peluca, Tramoya, Escenas en Chamberí y La picaresca; todas de 1850. ↩︎
  2. Tras el fracaso de su antecedente en la temporada lírica, Tribulaciones de Joaquín Gaztambide, Jugar con fuego se programó a toda prisa y Barbieri y De la Vega contaron con apenas tiempo para la escritura de la zarzuela y sus ensayos. ↩︎
  3. El éxito daría lugar en 1853 a una secuela hoy olvidada, El marqués de Caravaca, en la que repitieron compositor y libretista. ↩︎
  4. «Un nuevo modelo formal que, aunque recoge elementos constructivos de la tradición operística italiana, utiliza modelos formales del mundo de la ópera cómica parisina», como define María Encina Cortizo al género de la zarzuela grande. ↩︎
  5. Las comedias del Siglo de Oro español le servirán a Barbieri para experimentar en Jugar con fuego con el dramatis personae y aplicarlo perfeccionado en sus siguientes zarzuelas grandes. ↩︎
  6. Aparte de pionero en la legislación sobre la propiedad intelectual, Barbieri fue académico de Bellas Artes, miembro de la Real Academia Española y promotor de la edificación del Teatro de La Zarzuela. ↩︎

Bibliografía:

– Víctor Sánchez: Jugar con fuego. La piedra angular de la zarzuela. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 2026.

– Marina Bollaín: ¿Qué es hoy «Jugar con fuego»?. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 2026.

– Rafael Valentín-Pastrana: Bohemios de Amadeo Vives: la zarzuela como trincherawww.eltema8.com, 2026.

– Rafael Valentín-Pastrana: “Goyescas” y “El retablo de maese Pedro”: cómo equivocar el tiro con un pretencioso popurríwww.eltema8.com, 2026.

– Rafael Valentín-Pastrana: Perlina, Coralina, Caracolina y las suripantas submarinas de Arrieta y Arderíus. www.eltema8.com, 2025.

– Rafael Valentín-Pastrana: El vizconde y Gato por liebre: la deconstrucción de sexos en dos zarzuelas “in travestimento” de Barbieri. www.eltema8.com, 2025.

– María Encina Cortizo. Jugar con fuego. Diccionario de la zarzuela. Instituto Complutense de estudios musicales. Universidad Complutense de Madrid, 2025.

– Rafael Valentín-Pastrana: Tendrás pan, tendrás toros… y serás felizwww.eltema8.com, 2022.

– Rafael Valentín-Pastrana: Lavapiés está que ardewww.eltema8.com, 2022.

– Rafael Valentín-Pastrana: El sueño de la recuperación de la ópera española del siglo XIX. www.eltema8.com, 2019.

– Antonio Barrera: Crónicas del “Género Chico” y de un Madrid divertido. Editorial El Avapiés. Madrid, 1983.

https://atodazarzuela.blogspot.com/2014/06/jugar-con-fuego-libreto.html

Nota:  Las imágenes incluidas en este post de los ensayos y/o funciones de Jugar con fuego de Barbieri son © Elena del Real / Teatro de La Zarzuela. Madrid, 2026.

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Esta entrada fue publicada en abril 2, 2026 por en zarzuela y etiquetada con , , , , , , , , , , , .

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