El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

¡Que le corten la cabeza (… por católica y escocesa)!

Friedrich Schiller (1759-1805) es uno de los más dañinos propagadores de la «leyenda negra» contra el imperio hispánico: a partir de rumores, infundios y medias verdades (lo que ahora se consideraría como bulo y fango) vertidas contra Felipe II por su secretario real Antonio Pérez y por el príncipe holandés Guillermo de Orange, el dramaturgo alemán, dándoles pábulo con un envoltorio culto, escribiría en 1787 su pieza teatral Dom Karlos, Infant von Spanien en 1867 y que, un siglo después, Giuseppe Verdi inmortalizaría con su ópera Don Carlos. Pero Schiller tampoco dejó contentos a los defensores del imperio británico: de 1800 es su Maria Stuart, que ha sido tachada de ser muy poco fiel a la verdadera historia de la desdichada reina escocesa María Estuardo, a quien Isabel I de Inglaterra mandó decapitar en 1587 acusada de rebelión después de tenerla quince años en cautiverio en el castillo de Fotheringhay por puro cálculo personal, político y religioso y con muestras de crueldad, celos y cobardía con los que pasaría a la Historia: la reina inglesa no se atrevió a asistir a la ejecución de su prima segunda (sus abuelos, Enrique VIII y Margarita Tudor respectivamente, eran hermanos). Inglaterra tragando su propia medicina.

Como señala Joan Matabosch en las notas al programa, «lo que desencadena la decisión final de Isabel es una escena que históricamente nunca tuvo lugar: un encuentro ficticio entre las dos reinas que comienza con un ejercicio de autohumillación y vasallaje de la prisionera, pero termina entre insultos. El texto plagado de injurias del enfrentamiento inventado por Schiller hizo correr ríos de tinta desde el primer momento». Cómo no estremecerse con la inolvidable soflama con la que María despacha a Isabel: «Hija impura de la Bolena, / ¿hablas tú de deshonor? / Meretriz indigna y obscena, / caiga sobre ti mi vergüenza. / ¡Estás profanando el trono inglés, / vil bastarda, con tu pie!»). En esta obra de Schiller, trufada de luchas de poder en la corte inglesa, con celos, amores y desamores, conspiraciones cortesanas, traiciones, asesinatos y ejecuciones, se basaría Giuseppe Bardari (1817-1861) para escribir los textos (sería su primer y -por desgracia- último libreto) de la tragedia lírica en dos actos Maria Stuarda de Gaetano Donizetti (1797-1848), estrenada en el Teatro alla Scala de Milán el 30 de diciembre de 1835 y que, situada entre sus otras óperas Anna Bolena (1830) y Roberto Devereux (1837), conforma su “Trilogía Tudor” aunque, como recuerda José Luis Téllez en su exposición de vídeo, Donizetti no la ideó inicialmente como tal.

La ópera de Donizetti, pese a sus indudables méritos, nunca logró imponerse en el repertorio. Como recuerda Mario Muñoz en el programa de mano, «tras las fugaces seis representaciones de Milán, Stuarda hubo de prepararse para un largo siglo de incomprensión». No hay que olvidar que Milán, capital del territorio de Lombardía-Véneto, formaba parte en esos años del Imperio Austriaco y a su gobernador, el conde Franz Hartig, no le agradaban las temáticas sobre reyes tiránicos para evitar soliviantar a la población ocupada y que se movilizara para deslegitimar la ocupación. De hecho, como recuerda Joan Matabosch, «el peso revolucionario de aquella decisión (cortarle la cabeza), en aquel entonces conmovió todas las jerarquías del mundo» y, en consecuencia, la censura condenó la ópera al cajón del olvido. Ya en la década de los años sesenta del siglo XX se procede a la reedición crítica de la ópera y destacadas sopranos como Leyla Gencer, Beverly Sills, Joan Sutherland, Janet Baker o Montserrat Caballé lograron devolver Maria Stuarda a los escenarios.

María Estuardo se programa por primera vez en el Teatro Real de Madrid (sí se había estrenado en el desaparecido Teatro de la Cruz en 1840), que coproduce junto al Gran Teatro del Liceo, el Donizetti Opera Festival-Bergamo, La Monnaie de Bruselas y la Ópera Nacional de Finlandia. En lo escénico, que dirige David McVicar tras su reciente éxito con Adriana Lecouvreur, funcionan mejor los espacios cerrados, con una escenografía austera pero poderosa a cargo de Hannah Postlethwaite, especialmente en la galería del palacio de Whitehall, donde tiene lugar el sublime terceto entre Isabel, Leicester y Cecil del segundo acto. En cambio el bosque, donde se desarrolla el memorable final del primer acto (desde el careo entre las dos reinas hasta el subsiguiente sexteto: en ese mismo año 1835 Donizetti había dado con la tecla de este tipo de conjuntos vocales, con el inolvidable «Qui mi frena / in tal momento?» de Lucía de Lammermoor), peca de esquematismo y exceso de simbolismo, sin elementos físicos, salvo el cetro católico de los Estuardo, suspendido en el centro del escenario (para alertar de que la corona escocesa está en peligro; de hecho en la escena final de la ópera ese mismo elemento alegórico ha sido derribado y está arramblado en el suelo) y las otoñales hojas teñidas de rojo (como el árbol -abstracto, pero árbol- pintado en el telón de fondo) que se esparcen por el viento. Más acertada, pese a su sencillez, resulta la celda del castillo de Fotheringhay, en la que tiene lugar el verdiano y sombrío dúo de la confesión de María Estuardo con Talbot, especialmente por el deslumbrante recurso visual de apartar sus muros para enlazar sorpresivamente con el ominoso patíbulo que espera a la reina de Escocia. Brigitte Reiffenstuel firma el eficaz vestuario, fiel a su época y que está dominado por las tonalidades oscuras (los vilipendiados Austrias españoles impusieron la moda del color negro en las vestimentas de todas las potencias europeas enemigas: conviene recordarlo), sólo rotas con el metafórico jubón rojo con el que la Estuardo se dirige al cadalso, tétricamente iluminado por Lizzie Powell.

La gran triunfadora del segundo reparto fue la soprano Yolanda Auyanet (Maria Stuarda: el público madrileño, como es lógico, va con la reina católica, que además es antepasada de la Casa de Alba, actualmente apellidada Fitz-James Stuart, precisamente por los Estuardo), que estuvo muy dignamente acompañada por la mezzosoprano Silvia Tro (Elisabetta). Del resto del reparto destacaron el barítono Krzysztof Bączyk (Giorgio Talbot: bellísimo timbre y derroche de musicalidad) y el bajo Simon Mechlinski (Lord Cecil, con un imponente registro grave). Cumplió el tenor Airam Hernández (Roberto, conde de Leicester). El coro, sobriamente dirigido por José Luis Basso, estuvo muy inspirado en el Himno de la muerte de la última escena del segundo acto… y nos recordó, a través de los bellísimos versos de Bardari, que Inglaterra, de tanto decapitar a sus monarcas, también tiene su abominable leyenda: «La bárbara muerte / de una reina / a Inglaterra llenará siempre / de infamia y horror». Y muy bien la orquesta bajo la dirección de José Miguel Pérez-Sierra, dinámico en la rossiniana obertura, concertando con mimo el belcanto de los solistas y, como acostumbra, contagiando entusiasmo, como se pudo comprobar durante toda la representación.

Stefan Zweig, en su semblanza sobre la reina escocesa, escribió que «Isabel, la realista, vence en la historia; María Estuardo, la romántica, en la poesía y la leyenda». Otra escritora, Elizabeth Jenkins, que biografió a Isabel I, sostiene que «los Estuardo no sabían reinar, pero en cambio sabían morir». Y así, María Estuardo terminó entrando en la galería de ilustres decapitadas en óperas: Ana Bolena, la Magdalena de Andrea Chénier, Blanca y el resto de novicias en Diálogo de carmelitas

@rvpastrana

Este post está dedicado a mi compañero de colegio y amigo Carlos Hernández Bueno, con el que asistí a la presente función de Maria Stuarda / María Estuardo y con el que luego me di un homenaje en La taberna del alabardero para el recuerdo.

Videobibliografía:

– José Luis Téllez: Maria Stuarda. Teatro Real. Madrid, 2024.

– Joan Matabosch: Resignada a lo inevitable. Teatro Real. Madrid, 2024.

– Mario Muñoz Carrasco: La resurrección de «Maria Stuarda». Teatro Real. Madrid, 2024.

– Rafael Valentín-Pastrana: Anatomía musical de la «leyenda negra». www.eltema8.com, 2023.

– Rafael Valentín-Pastrana: La mamá de la artista. www.eltema8.com, 2019.

– Rafael Valentín-Pastrana: ¡Ecco il magico liquore! www.eltema8.com, 2019.

– Rafael Valentín-Pastrana: «Don Carlo« de Verdi o todos contra Felipe II: ¿imperiofobia… imperiofilia? www.eltema8.com, 2019.

– Rafael Valentín-Pastrana: Lucía y los hombres. www.eltema8.com, 2018.

– http://www.kareol.es/obras/mariaestuardo/acto1.htm

Nota: Las imágenes incluidas en este post de las representaciones y/o ensayos de Maria Stuarda / María Estuardo son © Teatro Real / Javier del Real. Madrid, 2024.

Un comentario el “¡Que le corten la cabeza (… por católica y escocesa)!

  1. Anónimo
    diciembre 16, 2024
    Avatar de Desconocido

    Grande Rafa. Tarde memorable. Mil gracias!

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Esta entrada fue publicada en diciembre 16, 2024 por en Música y etiquetada con , , , , .

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