El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

Roberto Gerhard, el gran compositor español del siglo XX… que nunca fue español

Hasta la publicación de la edición en castellano del libro Robert Gerhard. Un quijote con nobleza de espíritu, escrito originalmente en catalán por Oriol Pérez i Treviño, el autor de este blog pensaba que Roberto Gerhard Ottenwaelder, aunque de padre suizo (del cantón de Argovia, donde el alemán es lengua oficial) y madre alemana (y mitad francesa: había nacido en Alsacia), era un magnífico compositor español del que había que presumir y al que un servidor le había dedicado, totalmente convencido de ello, cinco posts. Era natural de Valls, provincia de Tarragona, región de Cataluña (aún no había comunidades autónomas). O sea, España desde que nació en 1896 hasta que murió en 1970… y España continúa siendo a fecha de hoy. Pues en el libro, menos español, a Gerhard se le considera de todo: ciudadano del mundo, apátrida, exiliado, acogido, políglota, cosmopolita, suizo, británico, catalán… Aunque si no era español, menos aún podía ser catalán. Otra cosa es que Roberto Gerhard se sintiera catalán. Pero eso, por muy convencido y comprometido que estuviera, no tuvo ninguna trascendencia administrativa ni constitutiva de derechos para este gran compositor.

Roberto Gerhard (Valls, 1896 – Cambridge, 1970) supervisando una grabación discográfica (foto de Erich Auerbach/Getty Images tomada el 31/03/1964).

Las dudas se acentúan cuando acudimos a la redacción del artículo 17 del Código Civil de 1889, que estaba en vigor cuando nació Roberto Gerhard y que determina las condiciones para la obtención de la nacionalidad: «Son españoles: Primero. Los hijos de padre español. Segundo. Los hijos de madre española aunque el padre sea extranjero, cuando no sigan la nacionalidad del padre. Tercero. Los nacidos en España de padres extranjeros, si éstos hubieran nacido en España y en ella estuviesen domiciliados al tiempo del nacimiento. Exceptúanse los hijos de extranjeros adscritos al servicio diplomático». No parece que Gerhard estuviera en ninguno de los tres supuestos ya que, aunque él sí, ni su padre ni su madre habían nacido en España, ni consta que hubieran adquirido posteriormente la nacionalidad española, ni eran diplomáticos. Por reforma llevada a cabo en 1954 del Código Civil, su artículo 18 estableció que «Pueden adquirir la nacionalidad española a virtud de opción: Primero. Los nacidos en territorio español de padres extranjeros que no se hallen comprendidos en el número tercero del artículo diecisiete». Por ahí se podría haber abierto un resquicio para la naturalización española de Gerhard. Pero no consta que el compositor, residente en Cambridge desde 1939 hasta su fallecimiento del compositor, en 1970, se acogiera a esta opción posible desde la reforma de 1954 en alguna de sus frecuentes visitas a España o a través de la embajada de España en Londres. Por lo tanto, con la legislación en la mano y sin poder acceder a su pasaporte o a su documento nacional de identidad ni a sus partidas de nacimiento, matrimonio o defunción, resulta complicado mantenerse en la convicción de que Roberto Gerhard llegó alguna vez a ser español. Y el autor del libro, a pesar de haber acudido a distintas y relevantes fuentes de información, no nos saca de dudas en este delicado asunto.

Roberto Gerhard en su laboratorio de música electro-acústica en Cambridge.

Wikipedia, fuente no muy de fiar, le glosa como «Roberto Gerhard», con nacionalidad «británica y española». En el listado de alumnos de las clases magistrales de Schoenberg correspondientes al curso 1926-28, figura como «Roberto Gerhard, español (Valls)». Ante Óscar Esplá, Gerhard se definió como un «músico helvético-tarraconense». En 1960 Gerhard decide adoptar la nacionalidad británica. A partir de entonces, en su libro, Oriol Pérez le presenta como suizo y británico. ¿Ya no era español o es que no lo fue nunca? ¿Renunció a la nacionalidad española para adquirir la británica? Javier Alfaya, uno de los primeros estudiosos en tratar seriamente la figura de Gerhard, intentó, con exceso de buenismo, poner luz en este delicado asunto: «…esa hispanidad de Gerhard es una hispanidad especial y difícilmente asumible por sus definidores más ortodoxos. Porque Gerhard pertenece por su concepción del mundo, dentro de la que cabe, por supuesto, una estética y una moral, a una España casi imposible: la España más universal y heterodoxa, la España que tiene sus raíces en el inconformismo y en la negación de los valores mostrencos de unas tradiciones convertidas en exangües estantiguas dogmáticas. Gerhard era fundamentalmente un cosmopolita, a lo que sin duda le ayudaron sus orígenes familiares, franco-suizos, su notable facilidad para los idiomas y sus largas estancias de joven fuera de nuestro país. Eso le ayudó a convertirse, en cierto modo, en un extraño en nuestra vida cultural. Extraño, por supuesto, en el sentido que lo fue, pongamos por caso, un Blanco White, un Larra, un Pau Casals o un Cernuda. Hombres que, por muy poderosas que fueran las raíces que les vinculaban a su tierra natal, por muy dolorosamente que sintieran el desarraigo del exilio, se sintieron ciudadanos del mundo, con una vocación de universalidad que pasaba por un re-examen riguroso del casticismo y de sus consecuencias». En definitiva, una nueva vuelta de tuerca al «enigma Gerhard» sin dar con la tecla.

Por supuesto que Gerhard tiene obras vinculadas a Cataluña, a partir de textos de escritores y poetas catalanes (Carner, López-Picó) o relacionadas con costumbres y tradiciones de Barcelona, Tarragona, Lérida o Gerona: la albada, la cobla, la sardana, la Patum (bailes, pasacalles de gigantes y cabezudos y fuegos durante las fiestas populares de la localidad barcelonesa de Berga, que se remontan al siglo XV), las fallas de Isil, en Lérida. Pero, habiendo recibido enseñanzas de Enrique Granados y Felipe Pedrell (que le proporcionaron un amplio conocimiento del cancionero popular y de la música hispánica, desde los polifonistas y vihuelistas de los siglos XVI y XVII, hasta los tonadilleros del siglo XVIII), también un buen número de sus composiciones hacen referencia a España y lo español:

  • En sus primeros años en Gran Bretaña, Gerhard llevó a cabo varias adaptaciones de zarzuelas de Barbieri (El barberillo de Lavapiés), Chueca (Agua, azucarillos y aguardiente) y Fernández Caballero (La viejecita, Gigantes y cabezudos).
  • En el ballet Don Quijote (1941) Gerhard emplea melodías de procesiones religiosas y abundan los ritmos populares españoles, como en la Danza de los muleros.
  • El ballet Alegrías (1942, inicialmente titulado Flamenco) recurre a ritmos tan españoles como la jácara, el zapateado, el jaleo o la farruca y a citas explícitas como el Himno de Riego o el corrido de La boda de Luis Alonso de Gerónimo Giménez.
  • En el ballet Pandora (1943) se cita expresamente la tonada popular Antón Pirulero y canciones de Amadeo Vives.
  • En 1943 compone Tres canciones toreras, para voz y orquesta y, para la BBC, la música incidental radiofónica de Cristóbal Colón, a partir de la obra de Salvador de Madariaga.
  • En el tiempo final del Concierto para violín y orquesta (1944), entre la maraña dodecafónica asoma y se termina imponiendo una jota aragonesa.
  • La dueña (1947), una la ópera en la que, dentro de un lenguaje musical que mira cara a cara a las vanguardias del momento, se sucede un apabullante despliegue de seguidillas, habaneras, sevillanas, jotas, zapateados, soleares, pasodobles, saetas, pasacalles, polos murcianos y canciones populares como emotivo, sentido y reconciliador homenaje sin rencores a España desde la nostalgia de su exilio británico. El que el autor de la biografía evite siempre llamarla por su nombre en castellano y emplee continuamente el título inglés de la ópera, The Duenna, recuerda la anécdota narrada por el musicólogo Santiago Martín: «La dueña, así en castellano y con esa eñe que tanto irrita a algunos paisanos del compositor, según me señala un amigo catalán, una eñe que irrita casi más que los omnipresentes ritmos hispanos de la propia ópera«.
  • El primer movimiento de la Sinfonía nº1 está dominado por un ominoso tema expuesto por la tuba, que recuerda a los cantos populares asturianos.
  • El último movimiento de la Sonata para violonchelo y piano (1956) repite continua y literalmente el Coro de niñeras de la zarzuela de Federico Chueca Agua, azucarillos y aguardiente.
  • En el Concierto para clavicémbalo, cuerda y percusión (1956) el compositor introduce con nostalgia en su imbricada red serial, temas populares españoles, como la canción «Madre, a la orilla», también adaptada por Manuel de Falla en la sexta de sus Siete canciones populares españolas.
  • Lamento por la muerte de un torero (1959) es una impresionante narración en inglés de la célebre elegía escrita por su compañero de generación Federico García Lorca dedicada a Ignacio Sánchez Mejías. Por cierto, Gerhard y Oriol Pérez comparten una pasión común: los toros.
  • En 1961 compone, para la BBC, la música incidental radiofónica de El gran teatro del mundo, sobre la pieza teatral de Calderón de la Barca.
  • En una sección de su Concierto para ocho (1962) Gerhard indica en la partitura que los intérpretes tienen que dejar sus instrumentos para tocar las palmas, recurso de evidentes resonancias españolas. 

En definitiva, si Roberto Gerhard no se sentía español, lo disimuló durante toda su vida muy mal.

Roberto Gerhard en su estudio en Cambridge.

Otro tema que ha provocado ríos de tinta es el del nombre de pila del compositor. Oriol Pérez siempre se refiere en su libro a él como Robert y sólo emplea el nombre de Roberto para Gerhard cuando se recogen las reveladoras palabras que Leopoldina Feichtegger, la mujer del compositor, con la autoridad que ello le concede, escribió al médico de la familia pocos días después de su fallecimiento en 1970: «Estoy desesperada por haber perdido a mi amado Roberto… Roberto murió en mis brazos, tres doctores presentes…». De lo cual se desprende que Poldi, en una situación de dolor y desamparo, no le llama a su esposo ni Robert en inglés ni Robert en catalán, sino Roberto. Por algo sería.

Musicólogo, estudioso, profesor, conferenciante, articulista, Oriol Pérez tuvo la suerte de conocer a personalidades del entorno de Gerhard, como los compositores Joaquim Homs y Josep Maria Mestres Quadreny y directores de orquesta como Antoni Ros Marbà y Edmon Colomer que, con las vivencias y testimonios recogidos, otorgan al autor del libro una sobrada legitimación para escribir sobre el autor de La dueña. Un libro que recoge experiencias y anécdotas muy interesantes, como la del frustrado intento de constituir un grupo a la manera de Les Six francés, formado por Adolfo Salazar, Federico Mompou, Óscar Esplá y el propio Gerhard (el musicólogo Diego Alonso añade a Joaquín Nin al cuarteto). O la relación que el músico de Valls entabló con Federico García Lorca, de la cual surgió el proyecto de Noche, suite para piano y voz emocionada, que desgraciadamente no se llevó a término. O de los intentos en vano para que Manuel de Falla le admitiera como alumno y de la relación epistolar que mantuvieron a partir de entonces. O el papel fundamental que tuvo Gerhard para que la Sociedad Internacional de Música Contemporánea celebrara una de sus ediciones, la de 1936, en Barcelona y del malentendido que, con ocasión del estreno allí del Concierto para violín de Alban Berg, desembocó en la ruptura de relaciones entre Gerhard y su compañero de estudios Anton Webern. O la controversia que Gerhard mantuvo con Esplá a propósito de que la SIMC acogiera a Cataluña como miembro de pleno derecho al mismo nivel que España. Además, el libro está enriquecido con las citas de Schönberg y Gerhard. Correspondencia, una fundamental recopilación llevada a cabo por Paloma Ortiz de Urbina en 2024 (gracias a la cual descubrimos documentos de gran relevancia, como la solicitud de Gerhard a Schoenberg para que le admitiera como alumno) y que también ha dado visibilidad a la magnífica tesis doctoral de Diego Alonso dedicada a Roberto Gerhard.

The Duenna La dueña. © Teatro de La Zarzuela. Madrid, 1992

Ello no es óbice para que destaquemos algunos defectos de esta biografía de Roberto Gerhard. Se insiste en aportar las añadas de nacimiento y defunción de todas y cada una de las personalidades que salen a colación en el libro, lo cual resulta agotador. Se advierte cierto empeño de Oriol Pérez en catalanizar todos los nombres propios: los de personalidades que así lo hicieron en vida o que aún están vivos y que han escogido esta opción, se puede llegar a entender, como los citados Homs, Mestres Quadreny o Ros Marbà, que siempre han empleado el nombre en catalán. Pero Enrique Granados no es Enric (el compositor de Goyescas, en vida, nunca utilizó ese nombre como se puede comprobar en sus partituras o en la cartelería de sus estrenos), ni Felipe Pedrell es Felip (el compositor de La Celestina, en vida, no acostumbraba a firmar sus obras con ese nombre), ni Conchita Badía es Conxita (la soprano, fuera de Cataluña, se hacía conocer en sus grabaciones y en sus conciertos con su nombre en castellano).

El libro abona el relato de un Gerhard que, durante su exilio, no quería saber nada de España, pero la realidad fue otra muy distinta: se sabe que Joaquim Homs invitó a veranear al matrimonio Gerhard a su casa de Blanes, Costa Brava en 1948, visitando también Tosa de Mar y Barcelona capital. Viaje del que no se llevó una buena impresión, según escribió a un conocido: «Encontramos el país en un estado espantoso. El abuso, el soborno y la corrupción prosperan en una escala sin precedentes. El mercado negro está dirigido principalmente por el ejército y el personal que ocupa cargos públicos clave. La situación económica parece caótica… Esto es lo que el hijo de puta le ha hecho al país». Sorprende que de tan breve estancia se pueda realizar tan profuso análisis y más siendo la primera vez que Gerhard pisaba suelo español desde hacía diez años. El caso es que, por muy mal que encontraran España, el compositor y su esposa repitieron en 1953 acudiendo a Barcelona y Calella de Palafrugell. En 1955 de nuevo recorrieron la Costa Brava: Tamariu, Aiguablava y Blanes. En 1957 visitaron Valls y la localidad mallorquina de Pollensa, donde Gerhard encontró la inspiración para el movimiento Lento de su Sinfonía nº2. Así lo relata Homs: «Al escucharlo, me acordé muy bien de las circunstancias que, según me contó a su regreso de Mallorca, le habían sugerido el clima sonoro del movimiento. Se produjeron un día que estaban esperando la llegada de un coche de línea en una carretera de la isla». En 1966 el autor de La peste se reúne en Ibiza con Joaquim Homs. En 1967 visita Playa de Aro y en 1968 de nuevo le tenemos en Barcelona. Es evidente que los viajes de Gerhard a la España “fascista” (adjetivo empleado en no pocas ocasiones por Oriol Pérez en su libro, cuando sería más riguroso emplear «franquista» o «nacional-catolicista») no fueron tan esporádicas como se nos ha hecho creer. La realidad es que Roberto Gerhard pudo entrar cuando quiso en territorio nacional durante la dictadura de Franco. Seguramente a ello ayudó que el compositor no volviera a meterse en política (como se cuenta que recomendaba el Generalísimo) y que, en su madurez, abominara de las ensoñaciones nacionalistas y de los separatismos identitarios, confesándole a un productor de la BBC que él se había transformado «en constitucionalmente alérgico al nacionalismo el día que me di cuenta de lo estúpido que era ser un separatista catalán (…). En su apogeo la nacionalidad era una idea. Su actual resurgimiento es una forma de patología».

Por último, sobrevuela en todo el libro el relato últimamente dominante de cuestionar la unidad de España, evitando mencionar la palabra nefanda. Y Oriol Pérez se presta a ello empleando exclusivamente la expresión «el Estado español» en referencia a nuestra piel de toro, lo que no es coherente cuando en su libro, y a modo de declaración de intenciones, afirma que su deseo no es «posicionar a Gerhard como un compositor nacionalista o vinculado a la siempre espinosa cuestión de la identidad catalana».

En definitiva, demos la bienvenida a esta necesaria biografía Robert Gerhard. Un quijote con nobleza de espíritu, aunque su título resulte excesivamente rimbombante y rebuscado: no parece que el ser un quijote sea muy definitorio de la personalidad de Gerhard y de sus vivencias durante siete décadas del siglo XX, por mucho que su autor le dedique varias páginas a tratar de justificarlo. Este bloguero se atreve a proponer un título alternativo: Roberto Gerhard, un hombre de suerte. Suerte es que, con sólo escribirle una carta, te admita Schoenberg, en la cima de su magisterio creativo, como alumno durante seis años, sin tener apenas bagaje musical y viniendo de un pueblo de Tarragona; suerte es que el King´s College de Cambridge, en plena guerra mundial, te conceda una beca de investigación y corra con todos tus gastos por el resto de tu vida; suerte es que, en estas circunstancias, despiertes la admiración de músicos como Stravinski, Britten, Bernstein o John Cage; suerte es que Isabel II te honre con la distinción de Commander of the British Empire y que la Universidad de Cambridge te otorgue el título de Doctor Honoris Causa en música; suerte es que británicos, españoles y catalanes se disputen, más de cincuenta años después de su fallecimiento, el legado de uno de los compositores “con más transformación lingüística, estilística y estética de la historia de la música occidental”, como señala Oriol Pérez i Treviño.

@rvpastrana

Bibliografía:

– Oriol Pérez i Treviño: Robert Gerhard. Un quixot amb noblesa d’esperit / Robert Gerhard. Un quijote con nobleza de espíritu. FICTA Edicions i Produccions. Gerona, 2022. Traducción del catalán al castellano de Ester Arana.

– Rafael Valentín-Pastrana: La maldición de la «ópera catalana»: Madrid se adelanta de nuevo y estrena «La Celestina» de Felipe Pedrell en primicia absoluta. www.eltema8.com, 2022.

– Rafael Valentín-Pastrana: Festín en tiempos de la pestehttp://www.eltema8.com, 2020.

– Rafael Valentín-Pastrana: «La dueña» o cómo el tarraconense Roberto Gerhard combatió desde su exilio inglés a la «leyenda negra»… y al nacionalismo catalánhttp://www.eltema8.com, 2022.

– Rafael Valentín-Pastrana: «La noche de San Juan», un ballet para después de una guerrawww.eltema8.com, 2021.

– Rafael Valentín-Pastrana: España abre los ojos ante una gran ópera rescatada del olvido: «Marianela» de Jaime Pahissahttp://www.eltema8.com, 2020.

– Rafael Valentín-Pastrana: El «enigma Roberto Gerhard»http://www.eltema8.com, 2020.

– Santiago Martín: Introducción a «La dueña», ópera en tres actos de Roberto Gerhard. Teatro español en el exilio. Las puertas del drama nº52. El kiosco teatral, 2019.

– Diego Alonso: La creación musical de Roberto Gerhard durante el magisterio de Arnold Schoenberg: neoclasicismo, octatonismo y organización proto-serial (1923-1928). Biblioteca de Catalunya. Universidad de La Rioja, 2015.

– Rafael Valentín-Pastrana: Los titanes en la composición del siglo XX (3): Roberto Gerhardwww.eltema8.com, 2012.

– Javier Alfaya: Gerhard el heterodoxo. Fundación Juan March. Madrid, 1996.

– Joaquim Homs: Robert Gerhard i la seva obra. Biblioteca de Catalunya. Barcelona, 1991. Traducción al castellano, incluida en el libro de Oriol Pérez i Treviño, por Ester Arana.

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