El Tema 8

El tema 8 es como el primer amor: no se olvida nunca.

¡Maldito anillo!

 

¿Qué tendrán la figura y la música de Richard Wagner (1813-1883) para que, camino de los ciento cincuenta años de su fallecimiento, sigan levantando todo tipo de pasiones y debates? La programación por parte del Teatro Real en cuatro temporadas consecutivas de la tetralogía Der Ring des Nibelungen/El anillo del nibelungo (cuya primera entrega constituye Das Rheingold/El oro del Rin) es una magnífica oportunidad de adentrarse en el inconfundible microcosmos wagneriano con su personalísima iconografía de héroes, conjuros, dragones, nibelungos, walkirias, walhallas…, en cuyas tramas operísticas, que beben de la pretérita tradición germánica de mitos y epopeyas, convive un explosivo e irresistible cóctel de avaricia, traición, venganza, maldición, fatalidad, lujuria, fratricidios, relaciones incestuosas

rheingold 0328Y su vida fue también una continua montaña rusa, empezando por su activismo político en la Dresde revolucionaria de mayo de 1849, en torno al cual hay por cierto bastante literatura y zonas oscuras: “Wagner había fracasado como revolucionario político, pero estaba dispuesto a tener más éxito revolucionando las artes. Estaba convencido de que los antiguos griegos habían logrado unir mito, música, drama y movimiento en una sola forma de arte que se había perdido desde entonces. Y estaba también convencido de que ahora su destino era aunar todas estas artes de nuevo en un drama musical moderno basado en los mitos de los pueblos germanos, pero asentado sobre el espíritu de la tragedia griega” sostiene el musicólogo Cris Walton.

Y es que al autor de Parsifal le debemos la creación de un visionario teatro musical que superó las tradicionales ataduras del texto sometido a la música. En su ensayo Ópera y drama (1850) el compositor propugna por el abandono de las temáticas costumbristas, historicistas y románticas en beneficio de lo mitológico y legendario. En palabras del especialista Arturo Reverter, “Al alejarse de inútiles referencias históricas, sus criaturas de ficción iban a conseguir un aliento poético ancestral, convirtiéndose así en arquetipos”.

El cometido le llevó a Wagner desde 1848 a 1874 y una de sus armas definitivas fue el empleo del personalísimo recurso conocido como leitmotiv: tema o melodía empleada recurrentemente a lo largo de una obra y que identifica a un personaje, un objeto, una situación o una emoción para una mayor facilidad en su identificación y recuerdo por parte del oyente, y que el musicólogo Deryck Cooke ha inventariado en 193 células motívicas a lo largo de todo el ciclo sobre el Anillo. Esta revolución desembocó en la consiguiente dinamitación del belcantismo italiano que condujo a una irreconciliable y cainita polarización entre verdianos y wagnerianos (aunque Verdi en sus postreras Otello Falstaff de 1887 y 1893 respectivamente y, eso sí, una vez fallecido Wagner, hincó definitivamente las rodillas…).

La leyenda en torno a don Ricardo también se nutre de sus escandalosos devaneos sentimentales con Cósima, la esposa del respetado y afamado director de orquesta Hans von Bullow; su interesado trabajo como kapellmeister a sueldo del extravagante monarca Luis II de Baviera; la edificación en Bayreuth de un templo en la mitad de la nada para la interpretación y permanencia de su legado;  su romántica muerte en Venecia…

rheingold 0306Y toda esta vorágine, sin entrar demasiado a valorar las reinterpretaciones a posteriori que de sus textos y su música se han realizado de manera a menudo anacrónica y tergirversadamente interesada (“Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”: Woody Allen frivolizando -brillantemente- en su largometraje de 1993 Misterioso asesinato en Manhattan, pero omitiendo que al mismo tiempo y por el este la invasión la completaba el Ejercito Rojo de Stalin…) y toda la literatura novelada y filmada que de modo absurdo por inútil imputan al compositor natural de Leipzig unos imposibles idearios que sobrevinieron cincuenta años después de su fallecimiento.

Por eso, a la hora de introducirse convenientemente en el adictivo mundo de la Tetralogía, lo mejor es olvidarse de prejuicios y dejarse arrastrar por el incontenible magma wagneriano, con momentos tan inolvidables en este prólogo que constituye Das Rheingold/El oro del Rin como el descenso de los dioses al Nibelheim, los dominios del ladrón del oro que custodiaban las hijas del Rin; la maldición del nibelungo Alberich al ser despojado del anillo o la impresionante invocación de Donner, el dios del trueno, como preludio de la gloriosa entrada de los dioses en el Walhalla.

 

Rafael Valentín-Pastrana

@rvpastrana

 

Bibliografía:

– Chris Walton: Das Rheingold de Richard Wagner. Teatro Real. Madrid, 2019.

– András Batta/Sigrid Neef: Ópera. Könemann Verlagsgesellschaft mbH. Colonia, 1999.

– Arturo Reverter: La ópera alemana. Salvat S.A. de Ediciones. Pamplona, 1983.

Nota: Las imágenes incluidas en este post de la representación y ensayos de Das Rheingold/El oro del Rin son © Teatro Real/Javier del Real. Madrid, 2019.

Este post está dedicado a @mya_marta  gran activista de la causa wagneriana en las redes sociales.

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Un comentario el “¡Maldito anillo!

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